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  Nº 684 jueves 23 de junio de 2011

 

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INVESTIGACIÓN

Ezequiel Treister, astrónomo UdeC
Encuentran agujeros negros al comienzo del Universo

Gracias a las observaciones realizadas en una región del cielo por un largo período de tiempo, a través de los rayos X más sensibles disponibles en la actualidad, fue posible descubrir la primera evidencia directa sobre la existencia de un gran número de agujeros negros masivos al comienzo del universo. Este hallazgo confirmó la presencia de estos objetos y permitirá cada vez más, a la astronomía mundial, comprender cómo se formaron los primeros agujeros negros.

La información que fue dada a conocer por la NASA y publicada en la revista Nature el 16 de junio, cuenta con el doctor Ezequiel Treister, del departamento de Astronomía de nuestra Universidad, como líder del equipo que realizó el estudio.

Tal como señaló la NASA en su comunicado, este descubrimiento se basó en observaciones del satélite Chandra, combinando datos ópticos e infrarrojos, los que permitieron a los astrónomos buscar agujeros negros en 200 galaxias lejanas, cuya luz se emitió cuando el universo tenía entre 800 y 950 millones de años de edad.

Esto demuestra que los agujeros negros jóvenes crecieron más rápido de lo esperado, lo que indica que están relacionados con los cuásares, objetos luminosos y escasos, alimentados por la caída de material en un agujero negro supermasivo. Si estos resultados obtenidos en una pequeña región se extrapolan a todo el cielo, hay al menos 30 millones de estos objetos en el universo lejano.
“Hasta ahora no teníamos idea qué estaban haciendo los agujeros negros masivos en las galaxias lejanas o incluso si existían (…) ahora sabemos que existen y que están creciendo a toda velocidad”, señaló Treister.

Las primeras observaciones empezaron diez años atrás, poco tiempo después del lanzamiento de Chandra. La clave de los datos fueron las observaciones con rayos X, que terminaron en julio de 2010. La técnica con que trabajó el equipo de Treister redujo bastante los tiempos; ésta consistía en juntar muchos objetos, que por separado son indetectables pero que en conjunto arrojan emisiones en rayos X.

En el documento emitido por la NASA, se señala que dado que estos primeros agujeros negros están cubiertos por densas nubes de gas y polvo, los telescopios ópticos no pueden detectarlos. Sin embargo, las altas energías de la emisión en rayos X pueden penetrar dichas nubes, permitiendo estudiar estos objetos en su interior.

Las consecuencias que este descubrimiento tendrá para la astronomía son de gran importancia, ya que si bien existe evidencia del crecimiento paralelo de agujeros negros y de las galaxias que los hospedan a relativamente cortas distancias, el estudio de Treister muestra que la conexión empieza mucho antes de lo esperado.

Con este trabajo se demuestra además, que los primeros agujeros negros no juegan un rol importante en despejar la “niebla” cósmica de hidrógeno neutro que rodea el Universo lejano, donde las temperaturas descendieron después del Big Bang. La cobertura de gas y polvo que rodea al agujero negro impide la radiación ultravioleta emitida en sus cercanías sea liberada para explicar la re-ionización del Universo.


 

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