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  Nº 677 jueves 17 de marzo de 2011

 

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ENTREVISTA

Viana Beratto, bioquímico UdeC
La empresaria que busca réditos en el desarrollo social y de género

Actualmente lidera una organización denominada “M+I: Mujeres + Innovación”, que busca generar proyectos de asociatividad entre profesionales de la innovación con organizaciones femeninas, como una iniciativa que trabajan con una asociación gremial de recolectoras de algas de la caleta de Llico.

Antes de ser una exitosa empresaria y proveedora de las firmas más importantes de la cosmetología mundial como L’Oréal, Estée Lauder y el grupo LVMH, Viana Beratto pasó casi un año por Biología Marina en la Universidad de Concepción, porque según confiesa “quería ser como Jacques Cousteau”.

A pesar que estuvo menos de un año en esta carrera, la joven proveniente de Cañete dice haber cultivado una amistad que dura hasta el día de hoy con sus entonces compañeras, pero se dio cuenta que quería “ir al centro, a la célula, ver qué es lo que está pasando y poder modificar algunas cosas”. Fue en ese momento que decidió cambiarse a Bioquímica, donde sus expectativas estaban orientadas hacia la investigación y desarrollo. Sin embargo, la decisión familiar de priorizar la crianza de sus hijos por sobre su proyección profesional, postergó el ejercicio de su especialidad por más de diez años.

Pero esta década no fue obstáculo para que Viana Beratto pudiera realizar lo que le gusta y con un enfoque muy marcado en lo social y en la perspectiva de género, ya que actualmente lidera una organización denominada M+I: Mujeres + Innova-ción, que busca generar proyectos de asociatividad entre profesionales de la innovación con organizaciones femeninas, como una iniciativa que trabajan con una asociación gremial de recolectoras de algas de la caleta de Llico. La bioquímica dice “no querer hacerse millonaria a cualquier precio” y que busca que sus emprendimientos se orienten “a que todas salgamos beneficiadas”.

¿Cómo se gestó su llegada a estudiar a la Universidad de Concepción?

“Estuve interna en Concepción en la enseñanza media (Liceo de Niñas), y luego mis papás compraron un departamento acá y me vine a estudiar a la Universidad de Concepción. Yo quería estudiar primero Biología Marina, porque quería ser como Jacques Cousteau y entré a estudiar un año, pero
cuando tuve más conocimiento de la carrera y vi los ramos que venían más adelante, era ‘muy la parte de afuera’ y ahí dije yo quiero ir al centro, a la célula, ver qué es lo que está pasando y poder modificar algunas cosas”.

¿Cuándo se decidió a montar esta empresa y vio señales de que necesitaba formarla?

“Yo siempre quise formar una empresa, pero me casé muy joven cuando estaba en tercer año de la Universidad. Entonces cuando me titulé, nació mi primer hijo y justo terminó mi marido. Yo pensaba que íbamos a trabajar los dos, pero uno de los dos se tenía que quedar con los niños, porque no queríamos vivir la experiencia de dejar criar a los niños con otras personas. Y me quedé en la casa desde que empezaron a ir al colegio y estuve casi diez años con ellos, dedicada casi exclusivamente
a ser mamá. Luego estuve trabajando en un proyecto en la Universidad y me di cuenta que las cosas eran más lentas de lo que yo quería y estábamos muy encerrados en la parte laboratorio. Luego estaba partiendo toda esta cosa del medioambiente y fui a la Fisa, partí trabajando como representante de una empresa norteamericana en plantas de tratamientos de fuentes industriales. Después de eso decidí partir con mi empresa en el área productiva, porque fui a ferias, detecté necesidades de productos y empecé a trabajar”.

¿Y qué puede rescatar de su paso por la Universidad en el sentido laboral?

“Una de las cosas que rescato, es que he tenido muy buenos amigos y colegas en la Universidad, que me apoyaron mucho en el desarrollo de mi empresa. Con consejos, hacerme una ‘pesada’, porque no tenía ni balanza analítica cuando partí, no tenía nada cuando empecé con mis productos. Te hablo de
amigos que se quedaban hasta las tantas de la noche para medir en un espectrofotómetro una muestra para poder hacer una ficha técnica. Esas cosas fueron súper importantes y que cuando recuerdo mis inicios, ellos están en un lugar muy importante de mi vida, porque si no hubiese tenido el apoyo de ellos para sacar adelante mis procesos, habría sido mucho más difícil”.

¿Y cuándo llega esta idea de crear esta agrupación M+I: Innovación y emprender desde una perspectiva de género?

“Esto partió hace como tres años, cuando nos invitaron del Sernam a formar parte de una misión tecnológica a la APEC en Perú, porque la Presidenta Bachelet había pedido que se formara una asociación de mujeres empresarias en cada región, ahí nos conocimos y se formó la primera asociación de la Octava Región y quedé como presidenta. Ahora tenemos una asociación gremial
y nuestra misión es apoyar el emprendimiento de las mujeres, apoyarnos entre nosotras porque nos vamos retroalimentando. Para mí el emprendimiento, tiene que ser con un impulso de género y soy una fuerte defensora de eso, porque cuando me reunía con las recolectoras de algas, me gustó mucho que fuera una asociación gremial, porque siento que las mujeres son las que siempre van a estar con la familia. Los hombres van y vienen, pero las mujeres siempre siguen con sus hijos hasta
el final y lo que ellas ganan siempre va todo para sus hijos. Entonces, la única manera de levantar y generar desarrollo, la manera más eficiente de hacer que la gente tenga un mejor nivel de vida, es que se eduquen los hijos y si la madre es la que tiene acceso a solventar eso, es más seguro que
cuando es el padre”.

Gonzalo Espinoza Díaz


 

 

 

 

 

 

 

 

 

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