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  Nº 661 lunes 19 de abril de 2010

 

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•CONTRIBUCIÓN

Gilberto Triviños: el laberinto y el hilo

Nobleza es la palabra que quizá mejor defina a quien imagina algo en la niebla y guarda lealtad absoluta a ese acontecimiento incalculable e indescifrable. Nunca sabremos si lo entrevisto fue un rostro, una palabra o un estremecimiento, pero de seguro disipó la niebla para que naciera el sueño de una vida: el laberinto y el hilo. El sueño de la vida de Gilberto Triviños posiblemente tenga que ver con la búsqueda y elaboración constantes de un complejo laberinto y un hilo que le permitieran el hallazgo de un sentido ético para su existencia. La desconcertante energía con la que emprendió cada una de sus actividades intelectuales revela que en el trayecto mismo de esa búsqueda y elaboración reside la pasión que lo caracteriza y despierta nuestro respeto y admiración. Es en la huella de sus esfuerzos, en la fatiga y el deslumbramiento, en la espera y el temblor, en el silencio y la exhortación, donde con más intensidad brilla la pasión del maestro, investigador y lucidísimo soñador.

La Universidad de Concepción, patria de su pasión, lleva consigo esa huella. El valioso aporte del Dr. Triviños, ampliamente reconocido por la comunidad y sus pares académicos, a la discusión crítica, los estudios literarios, la formación de profesores e investigadores, el desarrollo de los programas de posgrado en Literatura y la reflexión sobre el estado y desafíos de las universidades en la actualidad, es la huella de sus esfuerzos que continúa provocando la expansión de las fronteras de la patria que Enrique Molina llamó “templo del espíritu”. Triviños retribuye así la invitación y la hospitalidad concedidas por la Universidad destinada a soñar sobre la base de la armonía los caminos que permitan resistir a los emisarios de la nada. Pero es otra la patria donde el laberinto y el hilo que evoco adquieren una densidad significativa mayor. Esa otra patria es el lenguaje: territorio de los encuentros y la hospitalidad por excelencia.

Allí, como nos invita a pensar el poeta Omar Lara, “él aprende / él enseña / él abraza / él envuelve el abrazo desde toda su vida”. Allí dialoga con textos y conciencias y descubre que no hay sabiduría ni esperanza sin la presencia de un otro a quien abrazar con el “abrazo desde toda su vida”.

El hilo le indica ahora que sólo puede aventurarse en este nuevo laberinto aquel que es responsable ante el otro, que es capaz de percibir las diversas formas de la ternura y contemplar la absurda belleza de la amistad. Así se enfrentó al último rostro. Así dijo “ya”.

Los libros, artículos, notas, reseñas y prólogos escritos por Gilberto Triviños contienen la historia secreta del laberinto y el hilo que un buen día Borges le susurrara. Ellos son la niebla que se propaga hacia el provenir: la espera del arribo de alguien que tal vez entrevea en la niebla un acontecimiento incalculable e indescifrable (un rostro, una palabra, un estremecimiento) y honre siempre esa visión con lealtad absoluta.

Edson Faúndez V.

 

 

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