Panorama UdeC Universidad de Concepción Universidad de Concepción
  Nº 656 jueves 03 de diciembre de 2009

 

PORTADAEDITORIALTITULARESAGENDA

PANORAMA WEBBUSCARNÚMEROS ANTERIORESEQUIPOCONTACTO

acreditación

 
•EDITORIAL

En esta campaña electoral la discusión no se ha focalizado en los temas de fondo que permitan visualizar estrategias de largo plazo que disminuyan la brecha actual.

El martes finalizó el período en que 285 mil jóvenes rindieron la Prueba de Selección Universitaria para ingresar a una carrera en 2010. Se trata de una generación que, todos los expertos estiman, pondrá en mayor evidencia las desigualdades del sistema educacional chileno, dado que los alumnos que provienen de los colegios municipalizados habrán tenido al menos 3 meses menos de clases que aquellos que se educaron en instituciones particulares.

Los estudios internacionales de la OCDE sobre Chile señalan que en nuestro país conviven dos políticas de reforma educacional en la enseñanza básica y media, pero ideológicamente en conflicto. Una es la noción de que los mercados educacionales, con competencia entre escuelas, un alto grado de elección de los establecimientos educacionales por parte de los padres y una administración privada de dichos establecimientos, proporcionan la mejor esperanza de eficiencia educacional y el rendimiento escolar más alto posible. La otra es la noción de que el gobierno central debe intervenir en el sistema educacional con una clara visión de lo que constituye una buena educación y cómo lograrla para asegurar que los estudiantes tengan la mayor oportunidad de aprender.

Este fenómeno -claramente identificado por el informe de la OCDE- en la práctica ha terminado resolviéndose a favor del mercado. En concordancia con lo anterior, el sistema de financiamiento no considera en la proporción que debiera las profundas y significativas diferencias de capital económico y social de la población escolar chilena. En consecuencia, su forma de operar ha implicado la postergación del servicio educativo a los alumnos más costosos de atender, dado que el sistema aporta un valor muy parecido para toda la población escolar en razón de lo cual cubrir los grupos de mayor costo no es rentable, generándose los cambios en la matrícula con el desplazamiento de la población de mejores ingresos relativos hacia el sector particular subvencionado. Todo esto sumado al problema de un Estado,subsidiario y que no cuenta con los mecanismos legales ni financieros para implementar todas sus acciones y responder por ellas. La política educativa requiere de mayor debate público, para buscar la mejor solución posible y comprometer a los distintos actores en su implementación más allá del deber normativo, como hasta ahora se ha visto este proceso. Sin embargo, en esta campaña electoral la discusión ha estado centrada en aspectos particulares, de importancia por cierto, pero que no se ha focalizado en los temas de fondo que permitan visualizar estrategias de largo plazo que disminuyan la brecha actual.

Pese a lo señalado, la reforma educativa chilena ha sido un esfuerzo país de significación por actualizar las capacidades de los estudiantes a las necesidades del mundo globalizado que puede quedarse sólo en eso. En materia de oportunidades educativas para los más desfavorecidos los datos son incuestionables, pero su impacto sobre la calidad educativa y en la reducción de la desigualdad, tareas propias de las reformas de esta generación, demanda más que lo realizado hasta la fecha y acciones que exceden al sector educación. Si bien se reconoce a la educación como una prioridad nacional, no es claro que tengamos una política de Estado en esta materia más allá del diagnóstico y de la discusión presupuestaria. Aun así es indispensable analizar públicamente para el proyecto de sociedad que buscamos qué educación necesitamos y de qué calidad con todas sus acepciones por discutir, cómo lo vamos a hacer y sólo allí definir cuánto nos cuesta ello y de dónde provendrán los recursos, estimándose la rentabilidad de la inversión.

A las universidades nos corresponde una voz en este debate, no sólo porque los jóvenes que egresan de sus aulas son nuestros futuros estudiantes sino por un deber ético frente al país.

 

 

 

[Portada] [Editorial] [Titulares][Agenda] [Panorama Web] [Buscar] [Anteriores] [Equipo] [Contacto]

 
 
spacer