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nro 569  Jueves 15 de septiembre de 2005

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Edgardo Neira
La Universidad como portal a la modernidad

Los arcabuceros nuevamente flanquean una de sus obras. Esta vez sus armas aparecen apenas como testigos de una tragedia; drama del cual dan cuenta dos piernas blanquecinas, congeladas, calzadas con zapatos militares. “Marcha blanca”, a propósito de la tragedia de Antuco, es el nombre de la pintura con la que Edgardo Neira obtuvo el primer lugar en el Concurso de las Artes de la Cámara de Diputados, que fue convocado en abril de este año y cuyos resultados se dieron a conocer a fines del mes pasado.

Neira, docente del departamento de Artes Plásticas y Premio Municipal de Arte 2003, ingresó a la Universidad a estudiar Biología en 1972. Luego, durante un tiempo, estudió paralelamente esa carrera y Artes Plásticas, opción por la que se decidió y donde se quedó una vez egresado en 1978.

Casado y con dos hijos, de 10 y 13 años, aquí no sólo se ha dedicado a la docencia, en este último decenio sus reflexiones en torno al arte penquista le han valido diversos reconocimientos; además, su interés por vincular distintas especialidades le llevó a obtener recientemente el grado de magíster en Literaturas Hispánicas.

-¿Por qué es la Universidad de Concepción su decisión como alma mater?

-En esa época quedé seleccionado acá y también en Temuco, en la carrera de Español. Finalmente decidí estudiar Biología en esta Universidad por cercanía. Estuve poco más de un año en esa carrera y se me fue metiendo de a poco el tema del arte. Mi cercanía con ello es que era el “cabro bueno para el dibujo” del curso.

-¿Cómo incide la Biología en su propia manera de ver las artes?

-Cuando estudiaba Biología me parecía que, en el ramo de Citología, no se consideraban los aspectos visuales, sino sólo los fenómenos bioquímicos. Por otra parte, en Arte el profesor Enrique Ordóñez trajo unos microscopios para ampliar el rango de observación y yo encontraba que se preocupaban sólo de la forma y no de lo bioquímico. Ahí fue donde descubrí un cruce entre lo biológico y la plástica. Cruce que he mantenido hasta ahora con otras disciplinas.

-¿Qué recuerdos tiene de su época de estudiante de Artes Plásticas?

-Yo entré acá en el interrumpido año 1973. Ingresamos en marzo, luego vino septiembre y reingresamos en noviembre. Estudiábamos acá mismo. La escuela llevaba un año de funcionamiento y eran mucho menos las salas; incluso en un momento toda la escuela funcionaba en una sola sala, en el resto del edificio funcionaban oficinas administrativas de la Universidad.

-¿De qué profesores reconoce aportes en su desarrollo posterior?

-De Eduardo Meissner, Julio Escámez y Tole Peralta. Sobre todo lo recuerdo a él. Sus clases siempre eran magistrales. También estaba Marco Antonio Allendes.

-¿Y quiénes estaban entre sus compañeros?

-El escultor José Vicente Gajardo es uno de los que más ha destacado actualmente. Recuerdo también a Santiago Espinoza que “pintaba pa´genio” y Carlos de la Vega. Ellos eran muy trabajadores y los profesores pensaban que destacarían a futuro. Entre las mujeres estaban Teresa Muñoz y Luz María Sánchez.

-En estos más de 30 años vinculados a la Universidad, ¿qué es lo que le ha entregado nuestra casa de estudios?

-De niño vivía cerca de acá y lo primero que me ofrecía la Universidad era un portal a la modernidad. Venía en patines y al cruzar el Arco de Medicina pasaba del trumao de la calle a la cultura nacional, con esculturas griegas entre otras cosas. Era una ventana a la cultura universal. En mi escena primaria salía de la casa y me encontraba con la Universidad. Luego estudiar biología, arte, filosofía y literatura... el paisaje continuo... Me he desarrollado artísticamente en la Escuela de Arte, pero también en toda la Universidad.

-¿Cómo llega a participar con la obra “Marcha blanca” en el Concurso de las Artes de la Cámara de Diputados?

-Cuando llegaron las bases tenía varias ideas como temas a desarrollar, pero en el intertanto ocurrió la tragedia de Antuco lo que me impactó mucho. Por ello desarrollé esta obra como una suerte de recordatorio, ya que de ganar quedaría siempre en el Congreso.

-Las piernas aparecen en varias de sus obras.

-Sí, es una manera de abordar la periferia del cuerpo. En este caso son dos piernas marchando en una trama (que puede ser una organización de Estado, un batallón o cualquier norma), por ello, el fondo del cuadro está cuadriculado. Las piernas, al romper la trama, representan la pasión, la muerte, lo incontrolable.

Ximena Cortés

   
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