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Edgardo
Neira
La Universidad como
portal a la modernidad
Los
arcabuceros nuevamente flanquean una de sus obras.
Esta vez sus armas aparecen apenas como testigos de
una tragedia; drama del cual dan cuenta dos piernas
blanquecinas, congeladas, calzadas con zapatos militares. “Marcha
blanca”, a propósito de la tragedia de
Antuco, es el nombre de la pintura con la que Edgardo
Neira obtuvo el primer lugar en el Concurso de las
Artes de la Cámara de Diputados, que fue convocado
en abril de este año y cuyos resultados se dieron
a conocer a fines del mes pasado.
Neira,
docente del departamento de Artes Plásticas
y Premio Municipal de Arte 2003, ingresó a la
Universidad a estudiar Biología en 1972. Luego,
durante un tiempo, estudió paralelamente esa carrera
y Artes Plásticas, opción por la que se
decidió y donde se quedó una vez egresado
en 1978.
Casado y con dos hijos, de 10 y 13 años, aquí no
sólo se ha dedicado a la docencia, en este último
decenio sus reflexiones en torno al arte penquista le
han valido diversos reconocimientos; además, su
interés por vincular distintas especialidades
le llevó a obtener recientemente el grado de magíster
en Literaturas Hispánicas.
-¿Por
qué es la Universidad de Concepción su
decisión como alma mater?
-En esa época quedé seleccionado acá y
también en Temuco, en la carrera de Español.
Finalmente decidí estudiar Biología en
esta Universidad por cercanía. Estuve poco más
de un año en esa carrera y se me fue metiendo
de a poco el tema del arte. Mi cercanía con ello
es que era el “cabro bueno para el dibujo” del
curso.
-¿Cómo incide la Biología en su
propia manera de ver las artes?
-Cuando estudiaba Biología me parecía que,
en el ramo de Citología, no se consideraban los
aspectos visuales, sino sólo los fenómenos
bioquímicos. Por otra parte, en Arte el profesor
Enrique Ordóñez trajo unos microscopios
para ampliar el rango de observación y yo encontraba
que se preocupaban sólo de la forma y no de lo
bioquímico. Ahí fue donde descubrí un
cruce entre lo biológico y la plástica.
Cruce que he mantenido hasta ahora con otras disciplinas.
-¿Qué recuerdos tiene de su época
de estudiante de Artes Plásticas?
-Yo entré acá en el interrumpido año
1973. Ingresamos en marzo, luego vino septiembre y reingresamos
en noviembre. Estudiábamos acá mismo. La
escuela llevaba un año de funcionamiento y eran
mucho menos las salas; incluso en un momento toda la
escuela funcionaba en una sola sala, en el resto del
edificio funcionaban oficinas administrativas de la Universidad.
-¿De qué profesores reconoce aportes en
su desarrollo posterior?
-De Eduardo Meissner, Julio Escámez y Tole Peralta.
Sobre todo lo recuerdo a él. Sus clases siempre
eran magistrales. También estaba Marco Antonio
Allendes.
-¿Y quiénes estaban entre sus compañeros?
-El escultor José Vicente Gajardo es uno de los
que más ha destacado actualmente. Recuerdo también
a Santiago Espinoza que “pintaba pa´genio” y
Carlos de la Vega. Ellos eran muy trabajadores y los
profesores pensaban que destacarían a futuro.
Entre las mujeres estaban Teresa Muñoz y Luz María
Sánchez.
-En estos más de 30 años vinculados a la
Universidad, ¿qué es lo que le ha entregado
nuestra casa de estudios?
-De niño vivía cerca de acá y lo
primero que me ofrecía la Universidad era un portal
a la modernidad. Venía en patines y al cruzar
el Arco de Medicina pasaba del trumao de la calle a la
cultura nacional, con esculturas griegas entre otras
cosas. Era una ventana a la cultura universal. En mi
escena primaria salía de la casa y me encontraba
con la Universidad. Luego estudiar biología, arte,
filosofía y literatura... el paisaje continuo...
Me he desarrollado artísticamente en la Escuela
de Arte, pero también en toda la Universidad.
-¿Cómo llega a participar con la obra “Marcha
blanca” en el Concurso de las Artes de la Cámara
de Diputados?
-Cuando llegaron las bases tenía varias ideas
como temas a desarrollar, pero en el intertanto ocurrió la
tragedia de Antuco lo que me impactó mucho. Por
ello desarrollé esta obra como una suerte de recordatorio,
ya que de ganar quedaría siempre en el Congreso.
-Las piernas aparecen en varias
de sus obras.
-Sí, es una manera de abordar la periferia del
cuerpo. En este caso son dos piernas marchando en una
trama (que puede ser una organización de Estado,
un batallón o cualquier norma), por ello, el fondo
del cuadro está cuadriculado. Las piernas, al
romper la trama, representan la pasión, la muerte,
lo incontrolable. Ximena
Cortés
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