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Marcelo San Martín
El guardián de la corrección universitaria
Tras
un tiempo en la jefatura del Servicio Jurídico, Marcelo
San Martín asumió en septiembre como Contralor Universitario.
Llega al cargo con el aval de su experiencia en la Contraloría
General de República, entre 1977 y 1995, donde fue abogado
jefe del departamento de Obras Públicas, y su desempeño
como contralor en la Universidad del Bío Bío, desde 1995
a 1999.
Su
relación con la Universidad se remonta a fines de los
60, época en la ingresó al curso propedéutico. En 1968
inició sus estudios de Derecho, obteniendo el título en
1977. Desde 1991 es académico de la facultad de Ciencias
Jurídicas y Sociales; dicta la asignatura de Derecho administrativo.
Además de las funciones propias de su cargo, deberá asumir
dos trabajos especiales encomendadas por la autoridad:
estudiar mecanismos que permitan coordinar las tareas
de su oficina, la Secretaría General y el Servicio Jurídico,
y hacer una propuesta para aplicar la función de contraloría
a la gestión académica. “La idea –dice- es que la Contraloría
también se preocupe en forma habitual del control de las
funciones académicas, como el cumplimiento de las jornadas
de trabajo, por ejemplo”.
-¿Cuál
es la función del contralor universitario?
-En
general tiene dos funciones: realizar todas las actividades
destinadas a obtener que todas las instancias de la Universidad,
tanto académicas y administrativas, cumplan adecuadamente
con la reglamentación vigente, y preocuparse de la fiscalización
del buen uso de los recursos y bienes de la Universidad.
Este control de legalidad y de recursos apuntan en definitiva,
a obtener una gestión eficiente y eficaz. Esto implica
que la Contraloría, no es un órgano resolutivo, sino que
es una institución de apoyo a la gestión de las autoridades
superiores.
-¿Es
una función técnica?
-Es
un organismo eminentemente técnico. Y es importante decir,
es un esfuerzo que estamos haciendo para que la Contraloría
se transforme efectivamente en un elemento de apoyo real
a la gestión de la autoridad, sin perder la autonomía
que debe tener la actividad.
-¿Cuáles
son los principales problemas que se observan en el ejercicio
de este control?
-Hay
que partir de la base que, por su actividad, la Universidad
produce un volumen importante de instrumentos jurídicos
y muchas veces la fuerza de la realidad obliga a actuar
casi inmediatamente. Uno de los problemas que se puede
encontrar es que, por esto, algunas actuaciones no se
encuadren dentro de la forma en que se deben hacer. Y
el otro es el mal uso que se da a los recursos.
-¿Es
común?
-No
puedo señalar que eso sea así en la Universidad, lo digo
concretamente por experiencia profesional. Y eso hace
pensar que desgraciadamente el control debe existir.
-¿Es
fácil detectar este mal uso de recursos?
-Depende
de muchos factores, de la denuncia, de la oportunidad
con que se efectúa el control, de la colaboración que
pueda existir hacia la Contraloría.
-¿Cuándo
se hace el control?
-Hay
tres fuentes que originan la intervención de Contraloría.
Primero, un plan anual de fiscalizaciones. La segunda
fuente son peticiones concretas de las autoridades y la
tercera son las denuncias que pueden provenir de gente
de la propia universidad o de terceros. En todos los casos
se emite un informe, con las conclusiones, y soluciones
que tienen carácter propositivo.
-A
los directores de departamento y decanos les corresponde
ejercer tareas administrativas ¿reciben preparación o
aprenden sobre la marcha?
-Sobre
la marcha.
Eso
puede llevar a errores involuntarios.
-Evidentemente.
Todos nos podemos equivocar y ese error motivará, en la
medida de su frecuencia, la necesidad de que la propia
Contraloría inicie un proceso de formación. Una cosa es
el error involuntario y tengo claro que allí no hay una
responsabilidad sancionatoria, pero otra cosa distinta
es el error buscado, que necesita un sanción. Saber distinguir
cuándo la actuación es un error o una actuación premeditada,
es un responsabilidad de la Contraloría.
-El
contralor, entonces, debe tener una postura ética a toda
prueba.
-En
realidad el contralor debe ser un ejemplo, debe tratar
de abstenerse de cualquier consideración de orden subjetivo,
lo que no significa que uno tiene que aislarse, no conversar
con nadie y no tener amistades. Todo lo contrario: uno
se retroalimenta de la conversación con los funcionarios,
los estudiantes, los administrativos, las autoridades,
pero al momento de efectuar su labor tiene que ser muy
objetivo.
-Es
un asunto de fe pública...
-Al
contralor tiene que creérsele.
Jeannette Valenzuela M.
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