MICHAEL WESELY:
"Esta fotografía no se deja engañar"

Por Cecilia Valdés Urrutia

"La fotografía es tan bella que posibilita al espectador transformarse en un
voyerista tan perfecto como es el fotógrafo. Nos presenta elementos en una forma
única: por ejemplo, permite permanecer horas observando el cuerpo desnudo de
una mujer desconocida. Pero a ello, yo le agrego, además, un factor sorpresa
y un nuevo manejo del tiempo, lo que le da otra dimensión a esta disciplina",
afirma el reconocido fotógrafo alemán Michael Weselitz.

Lo suyo, reconoce, es otra forma de contar una historia. El tema del momento
está definido de una manera diferente. "En 50 años más se podrá decir que mi
foto de la Postdamer Platz de Berlín (expuesta en el MAC y cuyos tonos grises
parecen recoger la sensibilidad del alma berlinesa) fue hecha muy rápidamente.
Pero hoy una imagen, como ésa, que duró dos años en tomarla, tiene otro significado,
porque aún no se ha trabajado así".

Basado en un sólido marco conceptual que cuestiona y amplía la sustancia de
este arte, Wesely inventó también su propia cámara, con un dispositivo especial,
para dejar expuesta la película durante largo tiempo y así dar curso a sus notables
imágenes. Aporte que lo ha llevado a representar a su país en la Bienal de Sao
Paulo y a exponer ahora en el Museo de Arte Contemporáneo en Santiago. Y, por
cierto, a transformarse en uno de los fotógrafos más innovadores y creativos
del momento.

Tiempo extendido

¿Reconoce ser el primero en detener el tiempo en la fotografía?

"No conozco otro que trabaje de esta forma el tiempo extendido en la fotografía.
Sí hay algunos que lo han hecho con el tiempo corto".

¿Busca cuestionar la propia naturaleza de la fotografía?

"No hablaría de cuestionamiento, sino de una ampliación de las distintas formas
de lectura de la fotografía. Pero esto tiene que ver principalmente con una
reflexión sobre esta disciplina. Mis trabajos son dentro y sobre la fotografía".


Y abarcan distintas temáticas, no sólo lo urbano, sino paisajes, eventos...


"Sí, al nivel del retrato le he dado otra dimensión. Y con el paisaje también.
Ahí recojo una tradición en la fotografía norteamericana".

¿El tema del tiempo es siempre protagonista?

"No necesariamente. Porque algo que ocurre con la mayoría de los espectadores
que ven arte es que requieren tener un acceso específico para ingresar a una
obra, que en este caso podría ser el tema del tiempo. Pero para mí ese sería
un interés demasiado estrecho. Mi obra es más diversa y profunda".

¿Su objetivo se encamina a cuestionar el modelo de la realidad?

"Lo cierto es que no creo en el modelo de la realidad exacta. De hecho, en los
dos trabajos que expongo en el Mac se ven dos formas de la realidad transfigurada,
frente a las cuales pueden haber diferentes lecturas. Mi interés es examinar
los constituyentes esenciales de la fotografía. Muchos fotógrafos dicen que
con su obra hacen esto, pero lo he visto pocas veces. En tanto, en mis trabajos
hay dos temas que interrogo. Uno es el tiempo, que como tema prácticamente no
ha existido hasta hoy. Sin embargo, el tiempo para tomar una fotografía en mis
trabajos se relaciona también con el hecho en cuestión. Tiene un plazo. Por
ejemplo, en el caso de mi serie de los restaurantes en Nueva York, ellos están
abiertos 10 horas durante la noche, esa fue entonces la cantidad de tiempo destinada
a la foto. Es otra forma de armar una imagen".

Ajeno al voyerismo

¿Para cada una de las tomas sobre la Postdamer Platz destinó dos años?

"Sí, pero llegamos tarde. El problema es que fue muy complicado conseguir las
autorizaciones. También había muchos galeristas involucrados en el tema del
arte durante la construcción. Pero he estado en muchas otros hechos desde el
inicio, incluso otras construcciones de edificios. Tengo también fotos sobre
la marea alta y la marea baja. Playas".

Notable es una fotografía suya de la Quinta Avenida en Nueva York, vacía y envuelta
en brumas, tomada durante una manifestación gay.

"Uno al ver esa foto piensa que es una imagen de la Quinta avenida. Pero resulta
que esa calle, que aparece vacía, sólo fue el marco para lo que realmente pasó.
Esas brumas blancas representan el vestigio de las personas que pasaron. Ahí
había unos manifestantes sentados con unas camisetas blancas. Y es en este punto
donde se inicia la otra historia de mi búsqueda. El tema en cuanto a que la
fotografía no se puede leer con los cánones establecidos. Porque allí, por ejemplo,
no se ven los homosexuales. Gran parte de lo que pasa al observar esa imagen
ocurre en la fantasía del espectador. No es una fotografía que le brinda servicios
al voyerista, que retrata la superficie.

Lo que sucede con otras fotografías suyas tan plásticas, como las de una playa
española.

"Sí, y ése es un tema perfecto para el voyerista. Porque la idea que
tradicionalmente
tenemos de la playa es que los hombres vemos ahí los cuerpos de las mujeres
y viceversa. Pero la historia de la playa aquí es contada de otra forma, que
tal vez derive a vivencias que uno haya tenido. No aparecen ahí los cuerpos,
sino el paisaje, a veces difuso".

El resultado de ese paisaje playero, con color, abstracción y mucha estética,
¿lo siente más cercano a la pintura?

"No. Esto es fotografía y es una fotografía que no se deja engañar, que registra
todas aquellas cosas que ocurren sin que medien otros elementos. Es otro concepto.
Se ve claramente que es una fotografía de carácter conceptual".

Como lo que ocurre con las fotos sobre restaurantes neoyorquinos que son sólo
rayas de colores.

"Claro, el resultado es bien complejo. En un plano dan cuenta de la verticalidad
de Nueva York, en una forma muy libre. Pero esto también se inscribe en una
forma muy codificada. Está la cercanía con las formas de los códigos de barra,
porque dado que las imágenes toman esos colores fuertes es una codificación
muy loca y especial. Pero esa combinación cromática también es algo que un pintor
jamás usaría".

¿Qué importancia real le da al resultado estético?

"Ésta es la encrucijada que los europeos hoy viven más fuertemente que los
norteamericanos.
En Europa hay un gran escepticismo frente a mis trabajos porque es demasiado
'bonito'. Para los europeos mi obra es cuestionable. Por ejemplo, el de la Postdamer
Platz lo consideran demasiado bello y por tanto sospechoso. Lo que, en cambio,
para mí implica encontrar un acceso a la belleza, pero con un concepto muy fuerte
detrás de ello. Es, sin duda, un entregarse a una estética específica para que
estas fotos puedan generar efectos. Sin embargo, dado que en la fotografía el
anhelo de encontrar la belleza superficial ha sido tan fuerte se hace algo
comprensible
esa desconfianza. Les cuesta creer que el resultado de un efecto tan potente
pueda ser tan bello".

Y usted establece también un contrapunto más fuerte entre Europa y Sudamérica.


"Sí. La locura de la belleza en Su- damérica es distinta. La belleza en Europa
ocurre en otro lugar. Los artistas europeos están sufriendo una derrota frente
a la belleza, y se dirigen, entonces, hacia lo intelectual, hacia la belleza
del pensamiento, como reacción".

(Articulo extraído de El Mercurio del Domingo 11 de Agosto de 2002, Artes y Letras)