Roberto Matta Echaurren nace en Santiago de Chile, en 1911. La familia de Roberto Matta era de origen vasco, español y francés.
A temprana edad tiene contacto con el arte, desde muy joven asistió a talleres Libres, que se impartía en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Chile.
Luego estudia arquitectura en la Universidad Católica de Chile, donde se recibe a la temprana edad de 20 años.
En 1932, Matta sale de Chile, producto del desencanto experimentado por la situación política que afectaba al país, y viaja en forma constante a Europa.
Producto de esos viajes, es que fue en la ciudad de París, donde conoció al arquitecto Le Corbusier, donde trabajó en sus oficinas como dibujante.
En Madrid, tuvo la oportunidad de conocer personalmente, a Rafael Alberti y Federico García Lorca.
Fue gracias a éste, que por medio de una carta de recomendación, conoce Salvador Dalí, el cual, lo envía a A. Bretón.
En el año 1937 y adhiriendo las ideas sobre la creación de un arte regido por el automatismo psíquico, el chileno fue incluido en el movimiento e invitado a participar en importantes exhibiciones.
Matta pinta sus primeros cuadros, para luego crear una de las mas importantes y fascinantes obras de la pintura surrealista: "morfologías psicológicas".
Bretón calificó sus obras como "automatismo absoluto".
En 1939, viaja e Estados Unidos, donde creó admirables y vastas obras.
En 1948, Matta es expulsado del movimiento, tras haber estado implicado en un doloroso asunto de tipo político.
Ese mismo año regresa a Europa muy afectado.
En 1959, se le levantó el castigo, que le había impuesto por 10 años.
Matta es un pintor que pese a toda adversidad, nunca ha dejado de ser surrealista.
Lo que más interesó de él al grupo surrealista, es el vinculo que efectúa entre arte y revolución.
Aunque el trabajo pictórico de Matta presenta una continua evolución, hay características constantes en el tiempo, como la concepción espacial de la tela. Organiza a los elementos desde un centro dinámico, centrífugo y expansivo a la vez, que se proyecta hacia los límites del cuadro.
Su universo imaginario, entremezcla las teorías sobre el tiempo y el espacio concebidas por la física moderna, la filosofía humanista, la lucha del hombre por la libertad y la amenaza de los poderes maquinales.
El artista, ha recurrido a diferentes medios de expresión, y sus obras se han convertido en esculturas, piezas cerámicas, objetos de diseño, mosaicos, muebles y arte digital, siempre sorprendiendo por su fuerza creativa y haciendo gala de un gran sentido lúdico y del humor.
Roberto Matta es hoy reconocido como el último surrealista y uno de los más importantes artistas del siglo XX. Ha recibido altas distinciones internacionales. El presidente Patricio Alwyn Azócar, le otorgó el Premio Nacional de Arte en 1990.
Suele decirse que Matta es el último de los pintores surrealistas vivo. Aunque esto no es del todo cierto, pues todavía hay artistas cuyas obras encajan dentro de los lineamientos de los manifiestos de este movimiento, si puede afirmarse que es el último de los surrealistas liderados por André Breton.
En efecto, tras la explosión de la Segunda Guerra mundial, se generó en el medio del arte internacional un cambio radical en el polo de producción artística. Una gran cantidad de intelectuales europeos, escritores, filósofos, cineastas, músicos, poetas, pintores resolvieron embarcarse hacia Estados Unidos buscando huir de la guerra y encontrar allí un lugar propicio para seguir desarrollando sus ideas, alejados de la turbulencia política del momento en el viejo continente.
Matta fue uno de ellos. Había conocido a los artistas surrealistas durante su estadía en Europa en los años 30, notablemente a Salvador Dalí y al mismo André Breton a quien mostró sus dibujos y a quien decidió seguir en sus ideas.
Luego de haber ingresado al movimiento, exhibió en la exposición internacional del surrealismo, realizada en París el año 1938.
Ese mismo año, como muchos de sus contemporáneos, resuelve radicarse en Nueva York y es allí donde su obra tendrá gran trascendencia para el grupo y el desarrollo del arte del momento. Aunque llega de manera tardía a uno de los movimientos más trascendentales de la historia del arte moderno, Matta aporta a la pintura surrealista un soplo renovador y una mirada aún más profunda dentro del mundo de los sueños. Este acercamiento lo definió él mismo con un término particular: morfologías psicológicas, y lo definió como la invención de equivalencias visuales en los diversos estados de conciencia.
Sus investigaciones pictóricas dentro de este movimiento lo llevan a enfocarse hacia el mundo de las emociones y por lo tanto a dar un paso hacia la abstracción. Este desarrollo de composiciones abstractas cargadas de elementos obtenidos de mundos imaginados y con recursos pictóricos de gran riqueza, logrará influenciar el naciente expresionismo abstracto norteamericano.
La obra de Matta y la de uno de sus seguidores, el artista Arshile Gorky, se considera como aquella que construye un puente entre el surrealismo y el desarrollo de la tendencia abstracta expresionista. Matta fue amigo cercano de Jackson Pollock, el padre del driping painting e influenció en gran medida la producción de Robert Motherwell.
La colección de arte del Banco tiene dos obras maravillosas de Matta que son tal vez dos de las obras más importantes de toda la colección. Se trata de dos óleos sobre lino Sin título, 1962 y Acontecimiento, 1959. La segunda fue donada recientemente por el maestro Fernando Botero. Las dos son obras representativas de una producción madura del artista en la cual logra reunir elementos muy definidos de sus composiciones. En ellas aparecen menos personajes fantásticos de sus épocas anteriores y sus espacios se tornan más abstractos y coloridos. En estos años, Matta produjo varios murales de gran formato que corresponden a la riqueza del colorido que se encuentra en estas dos piezas.
Matta con su larga trayectoria en la experimentación plástica, ha hecho de este interés su propio proyecto de vida. Su arma es la sensualidad, la sensualidad definida como forma verdadera del "conocimiento del mundo".
En cuanto a la parte mas humana de Matta, se pude observar un fuerte compromiso social. Los acontecimientos políticos e históricos han nutrido su trabajo, y en este sentido, ha sabido aportar respuestas y desafíos plásticos a muchos de los episodios de los que ha sido testigo, como la Guerra de Vietnam, o la guerra de Argelia.
Hizo lienzos enormes, del tamaño de murales sobre estos temas, y durante los años sesenta su trabajo adoptó un marcado tono político.
En 1968 pintó en Cuba "para que la libertad no se convierta en estatua" y en el Chile de Allende. En los años setenta, volvió al tipo de pintura cósmica y apocalíptica que caracteriza su trayectoria creativa, con objetivos a veces muy pensados: "....un intento por representar al hombre vivo como un sistema solar con varios soles (sexo, inteligencia, amor, espíritu, karma) todos los cuales en diferentes momentos de la vida cambian o se transfieren la luz central entre sí...".
En los últimos años, su trabajo se ha identificado por una exaltación de la libertad del hombre, un hombre que concibe con grandes poderes pero que es todavía incompleto, aunque puede ambicionar a su unión carnal con el Universo.
Como el propio artista ha señalado, "en arte, nuestra arma es la sensualidad, la sensualidad definida como forma verdadera de conocimiento del mundo". Precisamente en su obra, todavía hoy, se trata de aunar el cuerpo erótico, el espacio y el cosmos