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A finales del
30 la atmósfera política en Chile estaba marcada por el
triunfo del Frente Popular y la llegada de Pedro Aguirre Cerda a la presidencia
de la nación. La izquierda se hacia cargo del destino nacional,
ensanchándose el campo de acción de la democracia. Los jóvenes
de entonces, la generación del 38, atendía y tomaba parte
de los fenómenos sociales de la época.
A contracorriente del realismo y del profundo compromiso social que marcó
la literatura de finales de los 30, surge la Mandrágora proponiéndose
incorporar la poesía chilena en las líneas del pensamiento
internacional. La posición asumida por este movimiento no es política,
sino poética. Dicen que es necesario que la poesía, es decir,
aquélla que brota en estado puro desde las profundidades de la
conciencia humana, tiene que ser reconocida, tiene que ser aceptada en
un pie de igualdad con todas las otras manifestaciones de la realidad.
Los fundadores de la Mandrágora se conocieron en el Liceo de Talca.
Teófilo Cid proveniente de Temuco, Braulio Arenas de La Serena,
y Enrique Gómez-Correa de Talca. Eran un grupo de amigos que coincidieron
después en Santiago.
Además de Arenas, Cid y Gómez-Correa, participa desde el
primer momento en el grupo un joven poeta, Jorge Cáceres, de 16
años en 1938 y muerto a muy temprana edad, en 1949. Ese año
38 fue presentado a Braulio por Gonzalo Rojas en los patios del Internado
Nacional Barros Arana.
La génesis del surrealismo en Chile está marcada por la
figura de Vicente Huidobro que traía, cada año, de sus viajes
a París, revistas, manifiestos y noticias, con los que este grupo
de amigos quedó deslumbrado y se decide, una década más
tarde, actualizar el surrealismo a la realidad intelectual chilena. Escribieron
a André Breton, quien, sorprendido de tener seguidores en estas
latitudes, los acoge y les concede la venia para explotar su "marca
registrada" como mejor les pareciera.
El 12 de julio de 1938 a las 18:30 horas en el salón de honor de
la Universidad de Chile anuncian el nacimiento de un grupo y una revista
revolucionarios llamado Mandrágora en honor a una planta de la
familia de las solanáceas, cuya raíz bifurcada se asemeja
a la forma humana, y contiene alcaloides con propiedades narcóticas,
soporíferas y afrodisíacas; tradicionalmente se le asocia
al culto de Afrodita, a la hechicería y a la magia.
La revista tiene el subtítulo de "Poesía, Filosofía,
Pintura, Ciencia, Documentos". El comité directivo lo integran:
B. Arenas, T. Cid y E. Gómez-Correa. La fecha del N°1 es de
diciembre de 1938, en Santiago de Chile, alcanzó la publicación
de siete números, siendo el último de la serie en octubre
de 1943. Colaboraron en ella, aparte de los miembros del grupo, poetas
y artistas plásticos como: Gonzalo Rojas (La miseria del hombre),
Ferando Onfray (Trillada fábula en pro de la abolición del
colmillo), Gustavo Osorio (Presencia y memoria), Jorge Cáceres,
Vicente Huidobro, Pablo de Rokha, el pintor Eugenio Vidaurrázaga,
Mario Urzúa, el músico Renato Jara, Alejandro Gaete y Mario
Medina, el artista plástico y poeta Ludwig Zeller, entre otros.
En palabras de Braulio Arenas la Mandrágora "se propuso sistematizar,
en un grupo, todo lo que podría considerar su destino poético,
algo así como una escuela de iniciación del surrealismo
en la que intercambiaron las primeras ideas en cuanto a organización
que, en plano literario, tendría ciertas intenciones terroristas.
Junto al entusiasmo, la pureza, los sueños, la libertad, también
actos negros, sentido amenazante de la existencia, y en fin, inaugurar
un ciclo de provocaciones que alteraran la realidad circundante."
Fue Braulio Arenas también, quien escribió uno de los textos
que puede considerarse como manifiesto del grupo titulado "Mandrágora,
poesía negra" publicado en el primer número de la revista
Mandrágora. "Poesía negra", pero no en el sentido
de "nègre" (después se ha hablado de "negritud"),
sino de "noire", "oscura", en cierta aproximación
y adhesión a los ideales estéticos del "Sturm und Drang".
"La poesía es nictápole", dice Arenas, porque
es la "que ve mejor de noche". Esto es que la poesía
negra es un modo de ver, un modo de captar la realidad. Y el origen de
la poesía no sería otra cosa que la libertad humana. Es
la libertad la que permite al poeta "retroceder al mundo regular
de las encantaciones alucinantes, para recoger ahí, con mirada
ávidas de místicos, las manifestaciones transitivas de su
realidad", y tal vez escribir "directamente del natural"
pues estas visiones iluminan el recorrido y "ya no se sabe si se
escribe o se mira, dejando a la mano el cuidado de reproducir un uniforme
ajeno, pero que nos pertenece. He aquí el dictado automático
de la poesía. Desvinculaban el concepto de la palabra, apoyando
su automatismo en el famoso aforismo de Fabre d' Oliver. "Las consonantes
son el cuerpo, y las vocales son el alma de las palabras."
La relación de la Mandrágora con los surrealistas franceses
era próxima, tanto por las colaboraciones de ellos en la revista
como por el pensamiento desarrollado en los artículos publicados
en ella. Por ejemplo el articulo escrito por Teófilo Cid, "Continuadores
del sueño", recoge la orientación materialista de Segundo
Manifiesto del Surrealismo, insistiendo en el carácter totalizante
de la actividad poética "con respecto a la sociedad y en general
frente al universo", buscando traspasar los límites de la
literatura para alcanzar una praxis vital.
Pero más allá de la presencia de la Mandrágora en
el surrealismo internacional, el valor que ha tenido este movimiento en
Chile fue el cambiar el rol burócrata que tenía la poesía,
y situarla como un arte capaz de cambiar las perspectivas humanas.
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