Banderas blancas.
Vitalia Sagristá.
Va pasando la pluma de la vida
Dejando escrito año tras año
Como en la faz de un libro abierto
Los surcos de penas y alegrías.
No hay motivo de quejas ni amarguras
Si fue poca la cosecha, o no la hubo,
Si los sueños fueron incumplidos
Más, de todo lo humano se probó.
Ayer, cuando Eros toco a la puerta
Con su cortejo de alegría y emoción
Se vivieron lunas llenas y menguantes
Y la luna nueva de otro amor.
Cada hijo parido fue más vida
Que a la vida agrego su palpitar
Y el amor materno fue probado
Y se supo del amor filial.
Y cuando la geografía sacudiose entera
Desbocando mares, enloqueciendo ríos,
Comprendimos que el cariño a nuestra tierra
Era con dolor de rosas y cuchillos.
Una noche, rompiendo esperanzas,
Con toque de queda un rayo cayó
Y anduvimos del brazo con la muerte
Por los túneles del terror.
Se supo de la dicha del reencuentro,
De que la frontera fue su salvación,
Y por aquellos que no tuvieron una tumba
La lluvia, con rostros también lloro.
¡Basta! Ya todo esta escrito a fuego,
Las manos cual gaviotas
Que después de un largo viaje
No quiere más volar.
Los ojos cansados cual estrellas
Que gastaron millones de años luz
Enviando al mundo inútiles señales
De paz y fraternidad.
Así pasaron miríadas de lunas
Quebrándose en mil añicos de luz
Sobre los cabellos de plata
Que hoy flamean el viento en ocaso
Cual Banderas que solo piden PAZ.
La última golondrina.
Vitalia Sagristá.
Primavera en achiras,
Jardín e mariposas,
Aire que atrapa al sol,
Golondrinas que llegan de lejanos países
Dibujando en el cielo
Siluetas de añil.
Verano de fiestas maduras
Concierto de pájaros al amanecer,
Trinan las golondrinas azules
Haciendo filigranas en el duraznero;
Se alarga el ocaso, porque el sol no quiere
Perderse el encanto del atardecer.
Se aleja el estío con paso cansino
(El otoño exige su espacio vital)
Ya dejo a la viña colmada de racimos.
Los árboles vestidos de frutos en sazón
Agitan abanicos de esmeraldas
Y un zumbido de abejas palpita alrededor.
En la antena más alta la guía de bandada
Sintió un aire frío en sus alas de cristal
Y la voz de alerta no se hizo esperar;
Hay que alzar el vuelo a otros parajes,
Hay que huir del frío, se puede tardar
Y las golondrinas azules preparan su bagaje.
Nos vamos, dijeron, una mañana tibia,
Cada una reconoció su lugar
Y formaron un gran ángulo azul.
Aspirando la brisa agitaron las alas
Seguras y alegres ante la nueva jornada
Que las llevaría al encuentro con el sol.
Allá arriba en la copa más alta
La golondrina madre no hizo formación.
¿Por Qué no vienes? Preguntaron las otras,
Falta un compañero, espero por él;
Se escucho un aleteo de solidaria respuesta
Y el viaje fue aplazado por la hermandad.
La noche tendió su manto de estrellas,
La luna baso el plumaje húmedo de vigilia
Y en el aire se esparció un rumor cual presagio:
“Se fue con las urracas ladronas,
Esas del baile de los ruidos estridentes
Y del vuelo trasnochando…”
Batieron alas, partió la cuadrilla azul,
La solitaria en regazo asumió la espera
Del amigo, hijo, hermano desertor.
¡Hermano del vuelo que soñamos
No entendiste la metáfora de nuestro lar!
Perdiste tu bandada, olvidaste tu color.
El Otoño asomó curioso:
¡Vaya! ¿Qué hace este pájaro en mis fríos?
¡Vete golondrina que el cierzo es letal!
La golondrina azul se estremeció de pronto
Al sentir el hálito otoñal
Y como la luz del día entendió la realidad.
Ahuecó las alas y en un supremo intento
Alzó el vuelo en frío y soledad
Sintiendo en el costado el puñal de la traición.
Arriba pizarra celeste y escrito en nubes blancas:
“Ven, te invitamos a vivir” y mecida por la brisa
Llegó al nido sano y salvo, con la ayuda de Dios.
Plaza de Hualqui.
Vitalia Sagristá.
Camine sobre alfombras de vegetales amarillos
Bajo una bóveda de brazos abiertos,
Caía una lluvia de secas lágrimas
Como el surtidor que llevaba en mi alma.
Árboles de Otoño, hermanos gemelos
De mi deshojado corazón;
Juntos oramos un réquiem de soles muertos
Y unida a ellos morí el ocaso del amor.
Llegó el barrendero de pala y escoba
Haciendo mares de gotas pajizas,
El viento gime en un concierto de arpas sólidas
Despidiendo sigiloso a las extintas.
Yo, árbol desnudo y sin retorno
Más asombro ante el rito que va al basural,
Más, ellas renacieran la próxima primavera
Y otro Otoño con mortajas de oro vestirán.
Plaza de Hualqui, nidal de mariposas
Danzarinas de gualda y amaranto,
Donde comulgué con hostia de ámbar
Que natura nos consagra cada año.