Resumen
En el siguiente trabajo se pretende interpretar la novela “La Historia de María Griselda” de la escritora chilena María Luisa Bombal. Para este análisis me centraré en la imagen femenina y su relación con la naturaleza, considerando el orden simbólico de la flora y la fauna, el encantamiento de la realidad y el tópico de la femme fatale, asimilando estos elementos con la tradición del relato maravilloso. De esta manera, quiero dilucidar el carácter fantástico del texto bombaliano, con el fin de dar nuevas luces respecto a la convergencia de la tradición folclórica europea y los elementos estéticos del imaginario romántico, como la otredad, el misterio y superposición del “yo”.
Palabras claves:
Imagen femenina – naturaleza –encantamiento – femme fatale – tradición folclórica – misterio.
Abstract
In this paper, we want to interpret the novel "The Story of Mary Griselda" by the Chilean writer Bombal. For this analysis I will focus on the female image and its relationship to nature, considering the symbolic order of the flora and fauna, the enchantment of reality and the topic of the femme fatale, assimilating these elements with the tradition of the wonderful story. In this way, I elucidate the fantastic character of the text bombaliano, in order to give new light on the convergence of European folk tradition and the aesthetic elements of the romantic imagination, as otherness, mystery and overlap of self.
Keywords:
Feminine image - nature-enchantment - femme fatale - folk tradition - mystery
A Dafne ya los brazos le crecían,
y en luengos ramos vueltos se mostraban;
en verdes hojas vi que se tornaban
los cabellos que al oro oscurecían.
Garcilaso de la Vega, Soneto XIII
La figura de la escritora María Luisa Bombal (1910-1980) se posicionó con fuerza en el campo artístico chileno de mediados del siglo XX. Sus escritos aparecen en medio del universo naturalista imperante en las letras nacionales, como símbolo de una nueva sensibilidad escritural que busca proyectar mundos imaginarios más íntimos y hasta entonces inexplorados por la narrativa femenina(1). Han sido múltiples los acercamientos de críticos e investigadores a su obra, intentado dilucidar, por el ejemplo, el carácter fantástico de sus narraciones (aproximación del presente trabajo), o el modus operandi de la subversión femenina frente al campo intelectual dominado por hombres.
No obstante, es innegable señalar que la Bombal transgredió no solo parámetros estéticos en su escritura, sino que también parámetros sociales en la hermética dimensión artística del patriarcado chileno. Al respecto, Rubí Carreño, refiriéndose a la recepción de la crítica de los trabajos de Bombal y Brunett, señala que “la presencia en esta narrativa de inmaculadas mujeres de clase alta ardiendo de pasión o más concentradas en la otra mujer que en sus parejas (la cursiva es mía); la narración de violaciones, abortos y asesinatos en el seno de la familia, la denuncia de la explotación sexual y laboral femenina, y las críticas al disciplinamiento familiar en pro de la producción y en desmedro de las relaciones personales, contribuyeron al desagrado que los textos produjeron.”(2) Este mismo desagrado por parte de la crítica, contribuyó a la configuración de un nuevo campo novelístico para la escritura femenina, de la mano con la incorporación de elementos propios de la narrativa europea. Asimismo, en la narrativa de Bombal, se pueden ver reflejados estereotipos femeninos que ya no serán definidos por un sistema masculino imperante, sino que estos mismos estereotipos forjarán (o develarán) una imagen de hombre degradado. Es así como los temas fantásticos de su narrativa emergen desde los “misterios de la mujer”; mundo interior inaccesible para el hombre y también inaccesible para la sociedad entera.
En el siguiente estudio se pretende dar luces en torno a la imagen femenina que se desprende en la novela breve “La Historia de María Griselda”, teniendo como matriz interpretativa la idea de “la belleza” como condición trágica de la protagonista. En primer lugar, se entregará una breve panorámica de este tema en la tradición del relato maravilloso europeo y su posible simbología. Luego, se indagará en la figura de la femme fatale y las características de este arquetipo en el personaje de María Griselda. También, y de la mano con los otros dos aspectos anteriores, se hará un análisis de la imagen de la mujer y su filiación con la naturaleza.
La Historia de María Griselda es la serie de anécdotas que ocurren en torno a una hermosa mujer confinada en una hacienda. La historia comienza cuando Ana María, suegra de la joven, viaja al lugar para conocer a su nuera e intentar resolver ciertos conflictos vedados en torno a este personaje. De esta manera iremos observando como la belleza y el encanto de María Griselda va afectando perjudicialmente la vida de quienes la rodean, desencadenando, finalmente, una terrible tragedia.
Mi madre nos leía los cuentos de Andersen y de Grimm, los traducía directamente del alemán (…) así que crecimos leyendo todo lo nórdico, todo lo alemán, desde chiquitas… más que lo chileno, todo lo nórdico(3), afirmaba María Luisa Bombal en su testimonio autobiográfico. Podemos advertir, por lo tanto, el influjo de lecturas europeas de la tradición folclórica en sus años de niñez y adolescencia. Es sabido que Andersen y los Grimm son autores representativos del género maravilloso. En gran medida su popularidad radica en el hecho de haber universalizado temas como el amor, la amistad, la muerte, la maldad, etc., bajo el mecanismo sobrenatural de la magia y los artilugios de la imaginación popular.
El género maravilloso comenzó a tener una amplia repercusión a finales del siglo XVIII en Europa. La materialización de este conglomerado imaginativo fueron los cuentos de hadas; textos que por una parte dialogaban con las imposiciones neoclásicas moralizantes y por otra, buscaban rescatar las tradiciones populares (también desde un punto de vista enciclopédico), pero cargadas de supercherías que, hasta ese momento, habían estado veladas por la razón ilustrada.
Roger Caillois señalaba que “El cuento de hadas sucede en un mundo donde la magia es la regla. Allí lo sobrenatural no es espantoso, incluso no es sorprendente, puesto que constituye la sustancia misma de ese universo, su ley, su clima. No viola ninguna regularidad: forma parte de las cosas, es el orden o más vale la ausencia de orden de las cosas”(4). Es en este punto donde nos permitimos afirmar que lo maravilloso configura su propia naturaleza, como un orden análogo, vinculado a las leyes de la otredad y al misterio que suscita los poderes de un encantamiento inefable, en donde la magia representa la única verdad como principio de vida y muerte.
En los cuentos maravillosos, las hadas cobran un papel muy importante, ya que son ellas las que otorgan los dones a las protagonistas. Estos dones son siempre benéficos y protectores, pero al mismo tiempo, según la simbología tradicional, las hadas son asociadas con la figura de la parca, en su condición de hilanderas o lavanderas, ya que determinan por completo el destino de las heroínas de los relatos tradicionales, y los dones otorgados muchas veces son funestos(5). De ahí el hecho que podamos afirmar que estos relatos comparten un patrón monológico, en cuanto las acciones están supeditadas a un móvil infranqueable.
En la Edad Media, las hadas son asociadas con lo maligno y demoniaco, pero en El siglo de las Luces, estos seres cobran una nueva semanticidad. Ellas utilizan a su antojo su facultad milagrosa, sin despertar aquel sentimiento numinoso surgido ante lo sagrado, como lo señaló alguna vez Rodolfo Otto, sino que se relacionan con los seres humanos de forma directa y sin ninguna espectacularidad. No obstante, éstas juzgan las acciones de los hombres cambiando su suerte antojadizamente por medio de virtudes o achaques, determinando así el curso de los acontecimientos.
Interminables son los ejemplos en donde el motor de la acción es el castigo de la belleza como don(6). En Blancanieves (Hermanos Grimm) por ejemplo, la madrastra intenta varias veces asesinar a la joven princesa por que ésta la supera en encanto. Cenicienta en la versión de Perrault, es condenada a realizar todas las labores domésticas y esclavizantes de su hogar por ser portadora de una gran hermosura. Del mismo modo, María Griselda es víctima de un cruel destino por motivo de su nefasta condición: “Desde muy niña hubo de sufrir por causa de esa belleza. Sus hermanas no la querían, y sus padres, como para compensar a sus hermanas toda la belleza que le habían entregado a ella, dedicaron siempre a éstas su cariño y su fervor. En cuanto a ella, nadie la mimó jamás. Y nadie podía ser feliz a su lado.”(7). María Griselda, por tanto, comparte el mismo porvenir de las heroínas de los cuentos de antaño, no obstante, la diferencia radica en la imposibilidad del personaje bombaliano de luchar contra aquel destino, sumiéndose entonces, en una dimensión monológica de la existencia.
María Luisa Bombal, a través de la apropiación de los elementos de la tradición maravillosa, transforma el campo de acción de su relato. El bosque encantado ahora formará parte de la hacienda criolla, y los personajes transitarán por la estela de un legado europeo. Esta perspectiva foránea, contribuye a la creación de estereotipos universales como proyección de vivencias íntimas e indisolubles. El folclore local, por tanto, se hace parte de una construcción discursiva más amplia que rompe las fronteras de lo propiamente latinoamericano. En relación a esta tendencia literaria, Amelia Barili, afirma que tanto J. L. Borges como Alfonso Reyes (y desde nuestro punto de vista, siguiendo el mismo patrón bombaliano) “En vez de limitarse a tratar ciertos temas con connotaciones nacionales, ellos sostienen que lo definitorio de la identidad del escritor latinoamericano es el hecho de que escribe desde el margen entre dos culturas, y que eso le permite una gran capacidad de síntesis cultural, irreverencia al tratar cualquier tema y libertad para innovar en el legado recibido, sea europeo o precolombino.”(8)
De esta manera, la protagonista de nuestra novela no proyecta necesariamente un ideal prototípico de mujer chilena, como tampoco arroja signos de una posible configuración social santiaguina, sino que es más bien la personificación de un prodigioso que lleva consigo un fatal designio. Por ejemplo, María Griselda pareciera siempre irradiar energías que corrompen indefectiblemente las pasiones de los individuos, trayendo consigo el amor, el odio y la tragedia. Es así como se configura la imagen de la femme fatale: mujer-demonio que a través de su belleza utiliza a los hombres como instrumentos en la tierra y los arrastra a un abismo sin salida.
En esta heroína convergen la gracia y el deseo de un amor inasequible para los sujetos de la hacienda, los que sucumben ante la huella de un encanto prodigioso, sobrehumano e hipnótico. Fred hace notar su desdicha ante la condena de contemplarla a diario: “(…) ¡Oh mamá! ¿La ves? ¿La ves con su tez pálida y sus negros cabellos, con su cabecita de cisne y su porte majestuosos y melancólico, la ves vestida de blanco y con una dalia amarilla en el escote? (…) ¡Oh mamá, todos los días una imagen nueva, todos los días una nueva admiración por ella que combatir!... No, yo no puedo quedarme ni un día más (…)”(9).
Al respecto es interesante destacar el poder que desencadenan sus ojos verdes, los que abren el camino hacia un universo lejano y nostálgico, insondable para la comprensión humana. Su mirada es símbolo de una delicada perversión que aflora inconcientemente, como vaticinio de la oscuridad y el enceguecimiento. Su hermosura niega las pautas lógicas del mundo e invierten la realidad. Su belleza, entonces, recrea una matriz que legitima lo fantástico, ya que nos encontramos ante una fuerza que violenta la dimensión cotidiana. Gustavo Adolfo Bécquer expone esta misma temática en su cuento Los ojos verdes, en donde se relata el trágico destino de Fernando, un joven noble que sucumbe ante los encantos diabólicos de un espíritu del bosque: “La noche comenzaba a extender sus sombras; la luna rielaba en la superficie del lago; la niebla se arremolinaba al soplo del aire, y los ojos verdes brillaban en la oscuridad como los fuegos fatuos que corren sobre el haz de las aguas infectas... Ven, ven... Estas palabras zumbaban en los oídos de Fernando como un conjuro. Ven... y la mujer misteriosa lo llamaba al borde del abismo donde estaba suspendida, y parecía ofrecerle un beso..., un beso… (…) Fernando dio un paso hacía ella..., otro..., y sintió unos brazos delgados y flexibles que se liaban a su cuello, y una sensación fría en sus labios ardorosos, un beso de nieve..., y vaciló..., y perdió pie, y cayó al agua con un rumor sordo y lúgubre.”(10)
Los ojos verdes, en este cuento de Bécquer, representan los poderes que subsisten ocultos en el bosque y despiertan pasiones que no pueden complementarse con las fuerzas de la otredad, teniendo como único camino la locura o la muerte, culminación que podría interpretarse también como una purificación, es decir, la concreción de un ciclo vital. Para otras culturas, el ojo también simboliza la disolución o la idea de fragmentación, como principio de lo demoníaco, ya que niega la voluntad mística de la unidad (Cirlot). El verde vegetal, por otro lado, simboliza el poder espiritual que se desprende de la naturaleza y la juventud primera que está en constante renacimiento. Es por ello, que nos parece de suma importancia hacer este alcance para nuestro análisis, ya que en términos comparativos, tanto la dama de los ojos verdes de Bécquer como María Griselda de Bombal, responden a características comunes en su configuración de personajes.
La protagonista pareciera tener el poder de manifestar las más extraordinarias transformaciones, desencadenando un maleficio fatal en los personajes masculinos. Se desatarán, entonces, pasiones indomables en medio de un espacio idílico, representado a través de una hacienda perdida en el mundo, condicionada por la exhuberancia y la atmósfera selvática. Esta unidad cronotópica es el escenario propicio para el desarrollo del vínculo entre la materia y el espíritu. Es así como María Griselda se transforma en una extensión más de la Naturaleza(11), como símbolo de una realidad inmaterial que encuentra su fundamento en el misterio. Al respecto, nuestra autora pareciera dar luces sobre su personaje en su Testimonio autobiográfico: “Todo cuanto sea misterio me atrae, yo creo que el mundo olvida hasta qué punto vivimos apoyados en lo desconocido. Hemos organizado una existencia lógica sobre un pozo de misterio”(12).
Este lazo indisoluble entre lo femenino y la Naturaleza es común en la tradición del cuento maravilloso del periodo romántico, en donde se enfatizan los elementos protectores como la fauna. Un ejemplo de lo anterior se presenta en el cuento Blancanieves de los Hermanos Grimm, cuando la joven se ve dejada en el bosque por el leñador que se arrepiente de asesinarla por mandato de la malvada Madrastra: “La pobre niña se encontró sola y abandonada en el inmenso bosque. Se moría de miedo, y el menor movimiento de las hojas de los árboles le daba un sobresalto. No sabiendo qué hacer, echó a correr por entre espinos y piedras puntiagudas, y los animales de la selva pasaban saltando por su lado sin causarle el menor daño (la cursiva es mía).”(13). Es importante señalar en este punto, que la belleza nuevamente es portadora de desgracias en la realidad material, no obstante, la naturaleza se hace cómplice de su desgracia y la refugia en su protección maternal lejos del mundo corrompido por los hombres.
También podemos asociar a la protagonista de la novela de Bombal, con la figura de la Ninfa, como símbolo de los elementos naturales: las aguas corrientes, las fuentes, los manantiales, torrentes y cascadas, como una idea de fecundidad y purificación. Asimismo, se funden el renacimiento y la muerte, como estados del inconcientes en términos de Carl Jung. Es así como María Griselda experimenta diversas metamorfosis en relación a la naturaleza: “María Griselda cambiaba imperceptiblemente, según la hora, la luz y el humor, y se renovaba como follaje de los árboles, como la faz del cielo, como todo lo vivo y natural.”(14). El narrador entonces, da cuenta de esta transformación, como una ninfa que transita por ríos y efluvios de encantamiento. Esta metamorfosis resulta esencial para dar cuenta de la contraposición entre el mundo maravilloso que suscita la magia y la destrucción que emerge a partir del mundo físico. Al respecto, Cirlot nos refiere la siguiente simbología: “Las transformaciones de unos seres en otros, de unas especies en otras, corresponde en términos generales al gran simbolismo de la inversión, pero también al sentimiento esencial de la diferencia entre lo uno indistinto primigenio y el mundo de la manifestación.”(15). De esta manera podemos apreciar un desplazamiento de códigos semióticos, en donde la protagonista desde un carácter mágico, pasa a ser un ser de carne y hueso, humanizado por su esposo y las imposiciones sociales, un mundo físico que rechaza el encantamiento. María Griselda transita entre estos dos polos: lo inmutable espiritualmente y lo asible por la razón.
Otro punto de análisis que nos resulta interesante es el que guarda relación con la vida conyugal entre la protagonista y Alberto. Este último, después del matrimonio, se ha vuelto alcohólico, distante y violento, y la única razón de su desastroso comportamiento pareciera ser la hermosura de su mujer; belleza que lo hacía distanciarse como dos planos distintos de existencia: “(…) apenas se apartaba del suyo, el cuerpo de María Griselda parecía desprendido y ajeno desde siempre y para siempre, de la vida física de él. Y en vano, entonces, él se echaba nuevamente sobre ella, tratando de imprimirle su calor y su olor… De su abrazo desesperado, María Griselda volvía a resurgir, distante y como intocada.”(16). El narrador en este fragmento, no solo nos reafirma la idea de la metamorfosis mágica de la protagonista, sino que también nos muestra la tragedia sexual de Alberto, al constatar cada día que jamás ha poseído a su mujer, presentándose ésta siempre virgen ante sus ojos. En este punto es interesante citar nuevamente a Rubí Carreño cuando afirma que “Las narrativas de Brunet y de Bombal pueden leerse como reflexiones realizadas desde el discurso literario sobre los modos en que la violencia se anuda al erotismo en la cultura chilena y en la que los géneros sexuales, por lo tanto, asumen, alternadamente, las máscaras de víctimas y victimarios.”(17) Es así como la frustración de Alberto puede interpretarse como la devastación de los valores masculinos en uno de sus dominios más inquebrantables, como es la sexualidad.
Otro punto interesante de análisis en la novela de Bombal, es la configuración antagónica de la bruja maligna, la que se vería reflejada en el personaje de Silvia. Antes de adentrarnos en este punto, cabe señalar que en la tradición folclórica europea, la bruja es la antítesis del hada benefactora, pero ambas tienen el mismo sustrato mágico y poseen las facultades para intervenir en el curso de la acción de los personajes, aunque muchas veces, tanto hadas como brujas, son representadas desde un mismo plano. Sin embargo, así como el destino de los héroes épicos muchas veces se veía influenciado por los dramas triviales de las deidades del Olimpo, también en varias ocasiones el porvenir de los héroes de los relatos maravillosos es el resultado de disputas vulgares. Por ejemplo, en el cuento La bella durmiente del bosque de Perrault, el destino de la protagonista queda sellado cuando en el banquete en que se celebra su bautizo, una de las hadas que fue marginada de la celebración por vieja y andrajosa, deja caer su furia anticipando la prematura muerte de la niña. Otro ejemplo, que ya se había mencionado más arriba, es el de la madrastra del cuento de Blancanieves de los Grimm, quien intenta dar muerte a la joven princesa porque ésta la sobrepasa en hermosura. Silvia, entonces, estaría emparentada intertextualmente con el cuento de los filólogos alemanes.
En primer lugar, podemos advertir un conflicto en este personaje cuando reconoce que la belleza de María Griselda es superior a la suya, y por ende, esta condición superior, termina por acabar con su existencia. Y al igual que la antagonista de Blancanieves, Silvia contempla en el espejo no sólo su deterioro físico, sino también su degradación espiritual y femenina, ya que Silvia comprende que aquella imagen que se proyecta de sí misma, es también el reflejo de su conciencia. El narrador precisa este aspecto de la siguiente manera cuando Ana María irrumpe en el cuarto de su nuera: “Pero la muchacha, a quien no pareció sorprenderle su intempestiva llegada, apenas sí la saludó, tan abstraída se encontraba en la contemplación de su propia imagen (…) Silvia, mirándose al espejo atentamente, obstinadamente, como si no se hubiera visto nunca (…).”(18) Esta contemplación que connota una actitud autoflagelante, podría entenderse como una reconstrucción de la actitud dialógica que los Grimm presentan entre la madrastra y el espejo mágico; actitud asimilada aquí como la revelación de una crisis conyugal suscitada por la belleza de María Griselda.
Por otra parte, el súbito canto del chuncho en la misma escena, enfatizaría el carácter antagónico de Silvia y al mismo tiempo, anunciaría la tragedia que marcaría el fin de la historia. Al respecto, Isidora Campano señala: “El búho es símbolo de tristeza, de oscuridad, de soledad y melancolía; en la mitología griega se le considera como intérprete de la Parca que corta el hilo del destino, es decir, representa la muerte y es considerado, por lo tanto, un animal nefasto y maléfico.”(19). Podemos constatar entonces que este presagio se cumple con la muerte de física de Silvia, y al mismo tiempo, con la muerte espiritual de la imagen brujeril del personaje, quien se ve derrotada, simbólicamente, por el encantamiento de María Griselda.
La novela de Bombal, por tanto, nos presenta un constante diálogo con la tradición literaria europea, pero una relación que se surge a partir de nuevos paradigmas estéticos en el campo artístico chileno de principios del siglo XX. La Historia de María Griselda es un ejemplo de una apropiación de códigos artísticos que representan una nueva sensibilidad, la que se manifiesta, según nuestra propuesta, en la reescritura la tradición maravillosa occidental. Por lo tanto, este análisis busca contribuir con la percepción de aquellos elementos ficcionales que brotan desde una novelística que busca posicionarse autónomamente bajo patrones estéticos universales a través del cuestionamiento de la realidad.
Bibliografía
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Es importante destacar además, a las autoras que según Bernardo Subercaseaux, son representativas del “espiritualismo de vanguardia” y posibles antecedentes de María Luisa Bombal. Esta corriente literaria y estética poseyó un perfil distintivo en las primeras décadas del siglo XX, movimiento también asociado con el Modernismo y en donde subyace la idea de que “la vida espiritual y el itinerario del alma, es la más sublime y trascendente experiencia humana; la única que enaltece y justifica la existencia”. Entre las escritoras que se inscriben dentro de esta sensibilidad están: Inés Echeverría de Larraín (1869-1949), Mariana Cox Stuven (1882-1914), Teresa Wilms Montt (1893-1921). Subercaseaux, Bernardo:
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Caillois, Roger: “Imágenes, Imágenes… Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1970, p. 11.
Podríamos afirmar que las hadas construyen la dimensión sobrenatural de los cuentos maravillosos, dando lugar a nuevos parámetros semióticos por medio de sus intervenciones y prodigios, ya que éstas tienen “la capacidad de transformar la apariencia de los seres, de dar inteligencia y belleza, de mirar a distancia, de adivinar o sugerir pensamientos; parte de ello se incluirían dentro de lo llamado hoy facultades extrasensoriales, naturales a algunos hombres.” Roa, Armando: “Perrault y la modernidad: un estudio antropológico”. Ed. Universitaria, Santiago de Chile, 1994, p. 20.
Cabe señalar que este tópico también está presente en el imaginario de otras literaturas de origen oral, como es la épica clásica. Es sabido, por ejemplo, que la Guerra de Troya se originó por una disputa entre tres deidades del Olimpo, Hera, Atenea y Afrodita, quienes se peleaban el título de la “más hermosa”. Zeus, viendo la gravedad del asunto, no quiso intervenir en la discusión y delegó el problema a los humanos. Eligió como juez a Paris, hijo del rey Príamo. Paris era el hombre más bello sobre la tierra y éste parecía ser el hombre más idóneo para elegir a la deidad más agraciada. Fue así como Afrodita, estratégicamente, le promete al ingenuo joven que si ella era la elegida, le daría a cambio a la mujer más hermosa del mundo, Helena. Entonces Paris, arrastrado por su debilidad, acepta el acuerdo y Afrodita, diosa del amor, es nombrada la más bella del Olimpo. Sin embargo, para desgracia de los troyanos, Helena estaba casada con Menelao, soberano de la ciudad de Esparta. Este acontecimiento, por lo tanto, marca el trágico destino de la ciudad de Troya.
Bombal, María Luisa: “La historia de María Griselda”, en: “Obras Completas”, Ed. Zig-Zag. Santiago de Chile, 2005, pp. 134-135.
Barili, Amelia: “Jorge Luis Borges y Alfonso Reyes:la cuestión de la identidad del escritor latinoamericano”. Ed. Fondo de Cultura Económica, México, 1999, p. 34.
Bombal, María Luisa: “La Historia de María Griselda”. Op. Cit. p. 111.
Bécquer, Gustavo Adolfo: “Los ojos verdes”, en: “Leyendas”, Ed. Alianza, Madrid, p. 148.
En la Historia de María Griselda, pareciera que la protagonista se mimetizara con estos poderes ocultos en la selva donde deambula como una princesa trastocada por la tragedia. Del mismo modo, el bosque alcanza una simbología preponderante: según Cirlot, representa el principio femenino y maternal, la vegetación y la abundancia de la tierra, pero también proyecta una naturaleza devoradora y ocultante, como además el punto de encuentro entre demonios y enemigos. Cirlot, Juan Eduardo: Diccionario de símbolos. Ed. Siruela. Madrid, 2006, p. 112.
Bombal, María Luisa: “Testimonio autobiográfico”. Op. Cit. 17.
Bombal, María Luisa, Op. Cit. 125.
Cirlot, Jean: “Diccionario de símbolos” Op. Cit. 312.
Bombal, María Luisa, Op. Cit. 127-128.
Carreño, Rubí. Op. Cit. p. 43.
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Campano, Isidora: La dualidad determinante en ‘La Historia de María Griselda’ de María Luisa Bombal en Revista de Humanidades. Universidad Andrés Bello. Santiago de Chile. Nº 7, 2000. p. 106.