Todas las noches soñaba con arañas: araña hermosa que le venía abrazando de engaño para vestirle en seda… Ocurría la madre besaba la frente y arropaba queriéndole en los ojos hasta dejarlo lejano de frío y vigilia. Ocurría dormirse y levantarse, bajar la cabeza para tras la cama escalerarse luego al techo y entrar por la escondida puerta que solo conocía. Y caer al suelo verde y mirarlo el cielo con su pequeña hendidura oscura de regreso. Caminar por el campo esmeralda de frescos desnudo detrás las piedras que corrían a dondequiera a besarse en cuerpo… y veíase por doquier emblanquecido en mirada al cielo, y veíase por doquier enmudecido en gesto al cielo, mientras caminaba o corría o saltaba queriendo. Se sentaba de cansancio al sol las voces que le llegaban por las manos, y las comía de silencio y miedo cuando le hartaba el tiempo, cuando querían decir ropa o frío… su sombra le cobijaba del calor que ascendía hasta aplastarlo a veces, sus sombras gigantes y quietas lo dibujaban sobre el cuerpo, excediéndolo y borrándolo para alargarle un brazo indicador, para enseñarle los ojos y pintárselos oscuros y rectangulares. Ojos que siempre quiso tener abiertos.

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