SITUACIÓN DE LA CONSERVACIÓN DE HERPETOZOOS EN LAS AREAS SILVESTRES PROTEGIDAS DE CHILE.
** Resumen del trabajo presentado en el
VIII Congreso
Iberaméricano de Biodiversidad y Zoología de Vertebrados. 22 al 25 de abril de 1997,
Concepción -
Chile.
En Chile, la protección y la conservación de la biodiversidad ha estado centrada en el establecimiento de áreas naturales protegidas, agrupadas por el SNASPE (Sistema Nacional de Areas Protegidas del Estado) dependiente de la Corporación Nacional Forestal (CONAF). Este sistema contempla la creación de Parques Nacionales, Reservas Nacionales y Monumentos Naturales bajo el criterio de Formaciones Vegetacionales de Gajardo (1983). Recientemente han sido incorporadas tres formaciones vegetacionales al SNASPE mediante la creación entre 1993 y 1996 de los Parques Nacionales Llullaillaco, Tres Cruces, Llanos de Challe, y las Reservas Nacionales (El Yali, Roblería del Cobre de Loncha, Radal Siete Tazas, Altos de Lircay, Bellotos de Melado, Los Queules, Mocho-Choshueco) junto a la ampliación de otra reserva (Los Ruiles) (Ortiz et al., 1993; Muñoz et al., 1996). Constituyendo un total de 92 unidades que representan un 19.08% del territorio continental chileno.
Simonetti et al., (1992) plantean la necesidad de contribuir en la elaboración de catálogos tanto de Flora como de Fauna, a fin de mejorar los antecedentes de distribucionales de las especies para ser aplicados a los criterios de conservación. Sin embargo, esto se ve muchas veces entorpecido por los objetivos de los investigadores los cuales basan sus estudios fundamentalmente en aspectos taxonómicos. Lo que lleva a que el conocimiento de la biota dentro de las diferentes áreas silvestres protegidas sea tan asimétrico, como es el de la distribución a lo largo del territorio.
Si consideramos a los herpetozoos, compuestos de 48 especies de anfibios y 112 reptiles se observa una carencia en el conocimiento de estos animales dentro de las diversas áreas protegidas, lo que se traduce en que solo en 11 de los 32 Parques Nacionales existentes, se conozcan listas con especies de herpetozoos, y lo mismo sucede para solo 12 de las 47 Reservas Nacionales, y en los Monumentos Naturales en tan solo uno se tengan antecedentes (Benoit, com. Pers.)
Para los anfibios Formas (1995) establece en base a las áreas ecológicas propuestas por Di Castri (1968) que la mayor concentración de anuros estaría comprendida entre las regiones Oceánica de Influencia Mediterránea, Mediterránea Húmeda y Mediterránea Perhúmeda, entre los 39º 30S y los 40º 20S, lo que corresponde al tramo entre la VIII y X región de Chile (Formas, 1979). Mientras que la zona con menor concentración de géneros de anfibios corresponde a la Mediterránea Perárida, Mediterránea Arida, Tropical Andina y Desértica Litoral, lo que geográficamente se traduce en la zona norte del paralelo 34 (provincia de Valparaíso), encontrándose en ese sector fundamentalmente las especies Bufo spinulosus, Bufo chilensis, Caudiverbera caudiverbera y Pleurodema thaul. Por su parte Veloso & Navarro (1988) plantean bajo este mismo análisis que los reptiles se concentrarían en las zonas altas como bajas de las latitudes 28º y 34º, correspondiendo a las regiones ecológicas Continental Andina, Mediterránea Semiárida y Desértica Interior, presentando numerosas similaridades en el numero de especies (25, 20 y 20), con la mayor riqueza especifica dentro de la región de Antofagasta.
Esto demuestra que muchas de las especies tanto de reptiles como de anfibios no se encuentran incluidas en el SNASPE. Lo que sucede con especies de saurios costeras como Microlophus quadrivittatus, Liolaemus zapallarensis zapallarensis Liolaemus zapallarensis ater, Liolaemus silvai, Liolaemus gravenhorstii las cuales debido al déficit en la incorporación de las áreas costeras dentro del SNASPE (Ortiz et al., 1993; Muñoz et al., 1996) carecen de completa protección. Otras especies como Liolaemus velosoi (III región) Liolaemus vallecurensis (IV región), Liolaemus valdesianus y Pristidactylus volcanensis (R.M.) solo se encuentran en su tierra típica, la que tampoco se encuentran entre los parques, reservas o monumentos nacionales. Mientras que entre los anfibios, resulta notoria la carencia dentro de estas áreas de especies endémicas como, Atelognahus grandisonae, Hylorina sylvatica, Insuerophrynus acarpicus, Rhinoderma rufum, Telmalsodes montanus, Telmatobufo australis y Telmatobufo venustus. Situación dramática cuando va acompañada de una distribución reducida, como es el caso de A. grandisonae y T. montanus.
Es por ello que dentro de las regiones con prioridad de
conservación establecidas en el Simposio de Los sitios Prioritarios para la
Conservación de la Diversidad Biológica de Chile se toma como una medida general
la conservación de las formaciones vegetacionales propuestas por Gajardo (1983, 1995) y
determinándose que la región Desértica Interior debe tener una de las prioridades
mayores a estudiar. Esto unido a la escasa representatividad de la II región de
Antofagasta dentro de las áreas que conforman el SNASPE, hizo que el Programa Sectorial
de FONDECYT Biomas haya privilegiado desarrollar sus estudios en esta región.