R. El endeudamiento de la Universidad ha
aumentado en un 160% durante el período del actual Rector, Sr. Sergio
Lavanchy, y hoy día alcanza un nivel similar al del patrimonio de
la Universidad, de acuerdo a la información entregada en los balances
anuales de la institución. Este endeudamiento ha sido necesario
para cerrar la brecha entre ingresos y gastos, que de acuerdo a la información
conocida y auditada, sigue siendo negativa. Ello significa que la
Universidad ha estado funcionando gracias al endeudamiento, que le permite
cancelar parte de su gasto corriente. El costo financiero de la deuda
aumenta y las posibilidades de financiamiento adicional se estrechan en
la medida que las fuentes de financiamiento se agotan. Ello coloca
a la institución en un pie delicado, porque quedan muy expuestas
sus posibilidades de obtener nuevo financiamiento para su marcha diaria
y eleva el costo del mismo, lo que incrementará los gastos de servicio
de la deuda.
Es importante que la comunidad universitaria conozca y medite lo delicado y frágil de la situación financiera y las implicancias que esto puede significar para la Universidad. Y la autoridad no debe esconder esta realidad, entre otras razones, porque los académicos ya hemos comenzado a sentirla en nuestros propios bolsillos, al recibir comunicaciones oficiales de las AFP o de las ISAPRES.
R. Me gustaría hacer tres precisiones al respecto. La situación financiera, en primer lugar, no puede estar controlada cuando la Universidad depende del financiamiento de corto plazo para cumplir sus compromisos corrientes. En este momento, la Universidad depende de que el sistema financiero u otros financistas estén dispuestos a entregarle recursos adicionales para poder funcionar. La evolución de indicadores económicos básicos, como son la razón deuda – patrimonio indicada en la pregunta anterior, apuntan a un deterioro de la salud financiera de la Universidad y, por tanto, a enfrentar progresivamente mayores problemas para conseguir este financiamiento. Existen indicios que la Universidad ha estado utilizando progresivamente fuentes de financiamiento no bancario, lo cual corroboraría lo anterior, y de paso encarece el costo de la deuda. Si este proceso llegara a un punto crítico, naturalmente la Universidad perdería el control casi por completo sobre las decisiones financieras que le competen.
Por tanto, no estoy de acuerdo con que las finanzas están controladas. Es posible, en segundo lugar, que el déficit operacional haya sido reducido en los montos que menciona el Sr. Lavanchy y que se haya llegado al equilibrio financiero, aunque hay una disputa sobre la forma como se comparan las cuentas con la administración del Rector anterior. Yo no poseo la información detallada de la gestión financiera universitaria, porque ésta no ha sido dada a conocer. En cualquier caso, pienso que la reducción del déficit operacional ha sido demasiado lenta. Ello ha llevado a la Universidad a endeudarse a niveles sumamente elevados, que comprometen su gestión futura. Cabe recordar, en tercer lugar, que cuando se habla de equilibrio financiero, en el sentido que lo usa el Sr. Lavanchy, se habla de un problema de corto plazo. En el fondo, nos dice que la Universidad llegó a un nivel donde el presupuesto se equilibra. Pero ello no significa que los problemas financieros sean menores.
La Universidad tiene por delante muchos años donde deberá lidiar con la enorme deuda que arrastra, incrementada en un 160% en los últimos 4 años, y que hasta la fecha aún no se ha comenzado a pagar. Y esto es producto de la estrategia que la actual Administración eligió para enfrentar la gestión económica de la Universidad.
R. Me es difícil aceptar la visión
de que las únicas formas de resolver los problemas financieros de
una institución es despedir personal o mantener la actual estrategia
de reducción gradual del déficit con endeudamiento progresivo.
Ambas estrategias al final debilitan la posición de la Universidad.
La primera porque atenta contra lo que es el principal activo de la Universidad
: su gente. La segunda, porque mantenerla durante mucho tiempo lleva a
lo que estamos presenciando hoy día : el sobre endeudamiento, el
estrangulamiento por el pago de intereses, la incapacidad de responder
a los compromisos, y a comprometer el desarrollo de nuevos proyectos.
4. ¿En líneas generales
qué alternativa propone usted entonces como estrategia para resolver
la situación financiera sin dañar en ese proceso a nuestra
Universidad, permitiendo así su desarrollo futuro?
R. Nuestra estrategia requiere, en primer término, conjugar en forma simultánea distintos elementos. Tales elementos son tener un diagnostico acertado, tener un programa económico y financiero que sea coherente y creíble, un equipo idóneo y profesional, y el apoyo tanto interno como externo para realizar los cambios necesarios. Todos estos requisitos están incorporados en nuestra estrategia y de hecho ya hemos realizado distintas consultas para ver la factibilidad de implementarla. Creemos que la estrategia seguida por la actual Administración carece de todos estos elementos.
En relación con el programa, en segundo lugar, se requiere un manejo presupuestario y financiero que permita a la Universidad lograr una situación de equilibrio económico en un plazo de tiempo razonable. Este programa debe contemplar sin dogmatismos el incremento de los ingresos en un mercado que claramente sé está expandiendo y en donde la Universidad tiene ventajas comparativas: el mercado de la educación. También debe revisarse la posibilidad de reducir el gasto en aquellas áreas no prioritarias y que no comprometan el desarrollo institucional. Finalmente y, en especial en el corto plazo, se requiere un manejo adecuado de la estructura de pasivos de nuestra institución. Tercero, la definición de los elementos constituyentes de este programa deben ser informados y acordados en forma consensuada con la comunidad universitaria, velando por los objetivos superiores de la institución. Cuarto, el desarrollo de las potencialidades existentes y no explotadas debe realizarse con la ayuda de equipos profesionales que apoyen la labor de las facultades.
Se debe cambiar, en suma, la cultura de gestión financiera y administrativa de nuestra Universidad, porque las cifras que arrojan los balances no son más que el reflejo de esa cultura. La Universidad debe hacer grandes esfuerzos por profesionalizar su gestión, y ese es el gran desafío que pretendemos enfrentar con la voluntad necesaria y la convicción de que no hay otro camino. Es necesario resaltar que, sin la participación activa y crítica de la comunidad universitaria, plenamente informada, no existirá posibilidad de efectuar los cambios urgentes que se requieren.