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Patricia
Larrañaga
Tras los secretos de la fruta
Su
especialidad al titularse de ingeniero agrónomo
de la Universidad de Concepción fue otra. No
obstante, Patricia Larrañaga Espínola
se ha dedicado exclusivamente al estudio e investigación
y es, en este punto, donde destaca lo trascendente
de la formación lograda en la Escuela de Agronomía, “la
apertura, la flexibilidad para desenvolverse en distintas áreas”,
explica la profesional del Centro de Información
de Recursos Naturales, CIREN.
Su
vocación por la agronomía fue temprana,
marcada por una imagen tradicional y bucólica:
la del campo, la agricultura, el aire libre y la
naturaleza; que en el transcurso del tiempo se transformó en
una tarea más burocrática, pero también útil,
en un país que años más tarde
encontraría
en la fruta un poderoso y dulce sustento a su desarrollo
económico.
Sus
años de estudiante transcurrieron entre 1971
y 1977 en Chillán. Casi todos sus compañeros
eran afuerinos. Ese era el distintivo de su generación.
También el período político especialmente
intenso que se vivía. Las clases de docentes
como Alejandro Valenzuela, Eduardo Holpzafel, Alfredo
Vera y Luis Salgado; las prácticas de biología
en Concepción previo viaje arriba de la “Pancha”,
el llamativo bus amarillo de la Escuela que servía
además para las salidas a terreno. “Fue
una buena experiencia en varios sentidos: llegar muy
joven y aprender a arreglártelas sola; la relación
profesores-alumnas y el aprender a compartir en la
diversidad y los sólidos lazos que se crean”.
La Universidad en el ámbito de la agronomía
es pionera -reafirma- y las herramientas que aporta son
vitales, lo que queda de manifiesto en sus egresados,
los cuales nos desempeñamos en distintas áreas
(ganadera, ambiental, ecológica, hortofrutícola,
vitivinícola, la academia, la investigación).
Una vez titulada volvió a su ciudad de origen,
Santiago, e ingresó al entonces Instituto de Recursos
Naturales, que luego fue el Instituto de Investigaciones
de Recursos Naturales, dependiente de Corfo, predecesores
del actual Ciren. Esto sucedía en 1978.
La función de Patricia ha estado ligada a diferentes
proyectos, entre ellos las encuestas catastro frutícolas
destinadas al fomento de la producción.
Estas
tareas la llevan a recorrer Chile, especialmente
a aquellas zonas fruteras por excelencia, la III, la
IV y la VI.
Dirige en terreno las encuestas y elabora, junto
a un equipo de profesionales, las publicaciones especializadas
destinadas a conocer más profundamente las 220
mil hectáreas de diversas variedades de frutas
que existen en nuestra esbelta y delgada geografía.
Para cada región se elabora un libro conteniendo
la información precisa, sobre cada variedad de
fruta y sobre aquellos productos derivados, como jugos,
vinos, aceites. ¿
Cuál sería hoy nuestra fruta símbolo?
En superficie la uva -señala la experta-, en crecimiento
la palta. En general, el sector frutícola es dinámico
por cuanto aparecen variedades, desaparecen otras.
En el trabajo de esta agrónoma se da una relación
directa con el sector privado, base del desarrollo exportador
frutícola. “Los productores son gente innovadora,
que buscan nuevos desafíos y con los cuales trabajamos
muy cercanamente. Necesitan información y nosotros
se la damos, información de calidad, amplia de
todos los pasos que se siguen desde la planta hasta que
llega al consumidor, tanto nacional como internacional”.
El tema frutícola -según Patricia-está bien
manejado en el país, la tecnología aplicada
y las buenas prácticas a las que se propende,
hay una estandarización y un control adecuado
y ha abierto un atractivo espacio para el desenvolvimiento
de los agrónomos. Mónica
Silva Andrade
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