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Carmen
Garcés
Esencialmente una salubrista
Carmen
Garcés Illanes (casada, tres hijas) se entusiasmó con
la idea de estudiar en la Universidad de Concepción,
tras sus veraneos familiares en Chiguayante. En 1972
ingresó a Obstetricia.
Encargada
del Programa de la Mujer, Sida y Enfermedades de Transmisión
Sexual del Servicio de Salud Norte; secretaria del
regional Santiago del Colegio de Matronas, acaba de
ser electa como presidenta de la Asociación
de Profesionales de la Salud del Servicio donde se
desempeña. Tiene una trayectoria intensa y
rica, pionera en muchos aspectos, en temas como el
control
de salud de las trabajadoras sexuales. Es diplomada
en Sexualidad y VHS y en Salud Familiar en la Universidad
de Chile
En mayo último, invitada por la OPS, participó en
un encuentro latinoamericano sobre sífilis congénita
en República Dominicana, representando a Chile. - ¿Qué la
marcó de su época de estudiante universitaria?
Ingresé en 1972 a una escuela de obstetricia y
puericultura, situada en una calle cercana a la Plaza
Perú. No era una época fácil por
lo que sucedía fuera, pero repercutía dentro
del plantel. Venía de Victoria. Como era buena
estudiante me sentí cómoda. También
conocí al que sería mi marido, pese a que él
estudiaba vespertino en la Universidad. Lo que resultó complejo
fue recibirse, porque se produjo al año siguiente
de mi ingreso una fractura completa del sistema de estudio,
la malla, las prácticas etc.
-
Ha sido una profesional dedicada al área pública
de la salud durante toda su carrera
Soy esencialmente una salubrista. Me gusta la salud
pública,
entendida como la posibilidad de entregar más
y mejores aportes al grueso de la población. Yo
creo que ese espíritu en gran medida lo inculca
la Universidad y la conciencia que es una profesión
donde nunca serás rica. Ingresé en 1982
a la maternidad del hospital San José. Antes trabajé en
el hospital Salvador y luego en el consultorio de Lumaco,
en la IX región, donde me dediqué a la
atención primaria en ginecología y obstetricia.
- ¿
Qué ha sido lo central en su quehacer profesional?
En la maternidad del hospital, mi primer destinación,
creamos las funciones para la matrona en infertilidad,
ginecología general, patología cervical
y ginecología de niños y adolescentes;
más tarde, me dediqué al rodaje en completo
de la maternidad desde mi cargo de matrona jefe que ejercí 6
años.
En 1989 me traslado al Centro de Enfermedades
de Transmisión
Sexual donde junto a la labor de control de la salud
sexual de prostitutas me inicio en el tema del Sida,
un campo en aquel entonces muy nuevo, muy ligado a grupos
vulnerables. Fue una etapa intensa, de educación
y acercamiento a esas personas discriminadas, que necesariamente
te hace crecer a ti misma. Cuando escuchas a esas personas,
conoces las razones de sus actuaciones y haces que entiendas
lo fundamental de la prevención y cuidado, sientes
que estás colaborando en mejorar en algo la sociedad.
Más tarde me tocó formar monitoras en escuelas
de salud para talleres de prevención. Allí nace
además el Centro de Diagnóstico Terapeútico
que tiene gran incidencia en esta tarea y en un área
geográfica que incluía la vega central.
- Se
dedica a las actividades gremiales.¿Cómo
lo hace?
Creo que hay que devolver algo a las nuevas
generaciones y hay mucho por hacer en
cuanto a relevar la
profesión.
Un país donde los índices de mortalidad
materna son bajos, en parte importante se lo debe a sus
matronas; el sida y las enfermedades venéreas
lo mismo. Somos profesionales dedicadas a la prevención,
principalmente, y eso contribuye a mejorar la salud.
- ¿
Qué destaca de su formación universitaria?
Al llegar a Santiago hace más de veinte años
sentí inquietud y preocupación. ¿Cómo
me desempeñaría? Al poco tiempo me percaté que
la formación entregada era tan buena o mejor que
la de otras universidades, que las herramientas estaban
dadas y era cuestión de utilizarlas y bien. Hubo
allí una base formativa sólida, con docentes
de extraordinario nivel como Carla Nieto o Gladys Hortubia.
Mónica
Silva Andrade
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