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María
Olivia Recart
Me interesa contribuir a que
el país sea cada vez mejor
La
gerente de desarrollo de Fundación Chile,
María Olivia Recart Herrera (casada, dos hijas),
admite que su época de estudiante en la Escuela
de Economía y Administración fue difícil
por los tiempos que se vivían en plena década
del ochenta en la Universidad de Concepción.
Sin embargo, en la suma y las restas, sus recuerdos
están plagados de nostalgia por un campus
excepcional, por ser integrante de la selección
de vóleibol de la U. y por el himno que aún
la emociona cuando lo escucha.
Tiene
además fuertes ligazones con la Universidad.
Sus padres, el doctor Sergio Recart es un reumatólogo
muy conocido, mientras que María Olivia Herrera,
es académica de la facultad de Educación.
Ambos son ex alumnos, lo mismo que las otras dos hermanas
de María Olivia, una médico y la otra sicóloga.
Paula, periodista, directora de la revista Paula, es
la única que estudió en otro plantel.
Viajera frecuente por razones de trabajo ha estado
en Africa, Asia, toda Europa, Estados Unidos y Centroamérica Usted
cuenta que pese a las dificultades de la época
que estudió 80-86, hubo un grupo de profesores
muy buenos que llegaron a la Facultad ¿Cómo
fue eso?
Por un lado estaba el ambiente externo, una etapa
dura de la Universidad, con rectores designados,
cerrada,
una vida universitaria compleja mezclada con protestas,
sin embargo en la Facultad soplaron nuevos aires
con la llegada de economistas jóvenes, que se llevaron
con el propósito de dar una formación más
económica. Era gente con magíster y doctorados
en el extranjero, egresados en su mayoría de la
Chile, quienes le dieron un cambio de perfil a la carrera,
en términos de formación. Entre esos economistas
jóvenes estaba Osvaldo Larrañaga, con quien
me casé. El es economista, vicedecano de la facultad
de Economía de la Universidad de Chile.
¿
Cómo fue su ingreso al mundo laboral?
En la Cámara de la Producción y del Comercio
de Concepción, en 1986; luego me vengo a Santiago
a realizar un magíster en Economía en la
Universidad Alberto Hurtado. Me casé y partí a
Washington D.C. donde trabajé en el Banco Mundial.
En 1990, trabajé en el ministerio Secretaría
General de la Presidencia y terminé en el ministerio
de Hacienda. En 1994 empecé como jefe de proyectos
de emprendimiento en la Fundación Chile y desde
el año 2002 soy la gerente de desarrollo.
¿
La Fundación Chile sería el mejor ejemplo
de cuán beneficiosas pueden ser las alianzas público
privadas?
Esa es su principal característica una entidad
pública privada, cuyo foco es la preocupación
por los recursos naturales renovables. En eso ha sido
pionera y ha ayudado al desarrollo exportador del país,
situándolo muy bien. Fue líder en el cultivo
de salmones con la Salmonera Antártica, que luego
vende. Esto fue mucho antes que Chile llegara a ser el
segundo exportador mundial de salmones, hace más
de 20 años. El primer papel que tuvo la Fundación
fue de antena tecnológica, de captar en el mundo
aquello que servía para el rubro exportador.
¿
Cuáles son los otros campos de interés?
La agricultura, los recursos marinos y forestales,
el impulso y apoyo a las tecnologías transversales
y a las competencias laborales. Nuestra tarea actualmente
es más compleja, de gestión tecnológica
con universidades, empresas, aplicando y adaptando tecnología
para sectores claves.
¿
La Universidad de Concepción tiene su lugar en
esta gestión?
Por supuesto. Estamos abordando un
proyecto con el Centro de Biotecnología, que dirige Martin Zilic, estamos
aunados y formando consorcio con las principales empresas
forestales del país. Hace diez años o más
esta trilogía habría sido impensable. Porque
el gran tema hoy en día es como las empresas contratan
a las universidades para pensar juntos el futuro en rubros
específicos y nosotros como fundación
complementamos, apoyamos.
Trabajar en una entidad así ¿es un privilegio? ¿Cómo
ha sido su experiencia?
Yo tengo una vocación pública fuerte, me
interesa y motiva contribuir a que el país vaya
cambiando, lo que el país pueda llegar a ser,
pensando cosas que puedan impactar para que el país
sea mejor. Efectivamente la fundación es un lugar
privilegiado. Tiene una visión pública
y una eficiencia propia de los privados. Es una entidad
con una visión moderna.
Mónica
Silva Andrade |