Versión para imprimir

Panorama en PDFEn PDF
Requiere Acrobat Reader

Contáctenos

 

Optimizado para Explorer 4 o superior y resolución de 600X480

nro 465   Jueves 14 de noviembre de 2002

PORTADA   • 
EDITORIAL  • 
TITULARES  • 
AGENDA   • 
lt.jpg (933 bytes) BUSCAR   • 
ANTERIORES   • 
EQUIPO   • 
CONTACTO  • 
 
 

 

 

 

 

  • PERSONAJE

Marcelo Rioseco
“Pasé una buena época en la Universidad”

Marcelo Rioseco Gómez (35) estudió Ingeniería Civil Electrónica en la facultad de Ingeniería, a mediados de los 80. Tras recibirse se ha dedicado a la gestión cultural, aunque lo suyo es la literatura, narrativa y poesía. En 1994 ganó el primer premio del Concurso de la Revista de Libros de El Mercurio, en poesía, con "Ludovico o la aristocracia del Universo", galardón que le otorgó amplia cobertura y prestigio.

Penquista, Concepción -sin embargo- le parece una ciudad poco generosa con los suyos. Hace tres años llegó a residir a Santiago, urbe que tampoco le llena el gusto. El 2000 publicó su libro de prosa “El cazador y otros relatos”. No sabe si hay una novela en su futuro “Me fastidia escribir tanto. Soy como Borges”, admite, aunque cada mañana lo hace con gran disciplina. Explica que estudió ingeniería por una cuestión social. “En el colegio de clase media arribista donde estudié se inculcaba el que no era posible mirar más allá de las doce carreras tradicionales. Era imposible pensar en estudiar pedagogía o licenciatura”.

¿Cuándo surge la poesía y qué lo inspira?

Desde la infancia de manera inconsciente, en primero medio ya escribía como una compulsión inevitable, porque no lo paso bien escribiendo. Me inspira el sentido que tiene todo. El para qué. Es una corriente metafísica permanente.

¿Qué papel tiene la poesía en un mundo globalizado, confuso?

Una función terapeútica, social, un rol que va más allá de lo literario, una transmutación espiritual o como la expresión de una mirada. Pero, en definitiva es un enigma no rebelado nunca. Si alguna función tiene la poesía es brindar una perspectiva de la situación, hace posible comparar un momento presente, detener el instante y enfrentarlo a cosas permanentes. (Sé la pregunta que viene -advierte–).

¿Cuál es la pregunta?

La conexión entre la ingeniería y la poesía. El poeta es el más inteligente del pueblo porque reúne la capacidad de abstracción junto al dominio del lenguaje. El estudio de las matemáticas te otorga una capacidad de síntesis y de abstracción que se la recomiendo a cualquiera, es lo mismo que la retórica para un abogado o el sentido del espacio para un arquitecto. El poeta es además práctico y artesano. El fenómeno verbal exige aprender un oficio, aprender a escribir, no es sólo poesía inspirada, conjuntamente es un gran trabajo de corrección, de conocimiento, de estudio, de disciplina, de manejo del idioma.

¿Se ha dedicado a la gestión cultural?

Fui gestor cultural en la dirección de Extensión de la Universidad del Bío Bío, donde llegué llamado por Ana María Maack. A ella le debo mucho, una deuda especial porque me salvó, confió en mí y me evitó -de paso- dedicarme a la ingeniería. He sido asesor creativo del programa “La Belleza del Pensar”. Soy asesor creativo-productor de Saval en el Arte, un proyecto del laboratorio del mismo nombre para los médicos. Esta flexibilidad suya para pasar de la ciencia dura a lo humanístico, sin traumas,

¿es algo que las nuevas generaciones deben aprender?

Es algo antiguo, no tiene nada de nuevo. Si observamos a Andrés Bello, abogado, experto en Derecho Internacional, pero al mismo tiempo conocedor de la poesía en latín, de la gramática. La formación integral de antaño. Si los jóvenes se tomaran en serio los ramos extras que las universidades ofrecen sería distinto, se terminaría con la disociación morbosa entre lo científico y lo humanista. No hay sueño que no se puede cumplir con un alto grado de pragmatismo, no basta el simple idealismo. Yo he perdido mi espíritu guerrero.

-¿En qué consiste?

En el idealismo, en la ingenuidad, en la adolescencia prolongada más allá de lo necesario, en la incorruptibilidad, en el espíritu del Quijote en definitiva, que es lo poético, no la poesía. Hábleme de sus recuerdos de la Universidad Pasé allí una buena época, aunque eso no significa dejar de reconocer que, en general, mis compañeros de curso -fuera de mis amigos- no eran demasiado estimulantes, por su manera de mirar el mundo. Recuerdo a un tipo extraordinario, Jaime Moreno, profesor de Arquitectura de Computadores, que nos aleccionaba respecto a que los grandes hombres en lo intelectual nunca tienen miedo, que podían salvar todas y cada una de las situaciones. Pienso que fue el primer poeta que conocí, creador de una utopía. Cuando se fue se formó una fila larga para despedirlo en que todos le agradecían lo aprendido, incluso quienes nunca fueron sus alumnos. Es una experiencia que nunca he olvidado.

Mónica Silva Andrade .

Panorama en Internet  ®     

   volver al inicio de página

[Portada]
[Editorial] [Titulares] [Agenda]
[Buscar] [Anteriores] [Equipo] [Contacto]

Universidad de Concepción

® Universidad de Concepción
Dirección de Relaciones Institucionales
Oficina de Comunicaciones